Otros Lados

Hay mucho de qué hablar


Deja un comentario

Invisible a los Ojos

Ayer hablaba con un profesor mío a quien le he aprendido mucho y espero seguir haciéndolo sobre una variedad de temas que fueron desde un sueño que tuve hasta el libro que me regaló (La Mente Nueva del Emperador, sobre cibernética y física). Y de un tema al otro terminé por mencionar un par de capítulos de la serie de divulgación científica “Through The Wormhole”, titulada con ostentosa carencia de imaginación en español como “Grandes Misterios del Universo con Morgan Freeman”, que giraban en torno a fenómenos normalmente tratados de paranormales o, en el mejor de los casos, ciencia ficción. A saber: otras dimensiones, el multiverso, alienígenas y mi capítulo favorito hasta ahora: conciencia, pero no sólo la que me hace saber que yo soy yo sino una más profunda, verdaderamente arraigada en la vida, se habló incluso de una conciencia vegetal.

Me ha llamado mucho la atención desde hace ya algunos años el hecho de que ciencia y religión se van coqueteando cada vez con más soltura porque ¿qué carajos hacen científicos renombrados investigando fenómenos paranormales? Desde que la nueva física nació, y hará más de un siglo de eso, las cosas en esto que llamamos realidad se han puesto no menos que exóticas.

Tan sólo tratar el tema de la física cuántica suena ya más a superstición que poner de cabeza al santo para conseguir pareja y sí, porque, y me pongo de ejemplo, eso de que si uno no mira algo es cuestionable el hecho mismo de su existencia, como el experimento imaginario del gato de Shrödinger, donde uno coloca al minino en una caja con un isótopo radiactivo que puede a) decaer; o bien, b) no decaer; y que dependiendo de eso activará o no un mecanismo que matará al gato y que mientras uno no abra la caja el gato está virtualmente vivo y muerto al mismo tiempo me ha tocado las fibras más sensibles de mi paranoia. Y hace una semana fui yo a una graduación para la cual repetidamente me insistieron en no perder mi invitación porque si no no entraba y yo, precavidamente, la guardé en un lugar muy seguro y la revisaba constantemente, porque no vaya a ser que los átomos y sus estados cuánticos y de una mirada a otra la invitación ya no estuviera y yo me quedaba sin fiesta.

Y ha sido la física, de la cual soy devoto, quien me hace creer en esto porque sí, porque a la ciencia  le gustan los hechos, máxime con cada nuevo experimento que demuestra más fehacientemente la validez de la teoría y con todo mi paranoia no tiene para cuando mejore.

Y a lo que voy es que lo imposible (¿?) va dejando de lado el prefijo y tras una larga historia de muestras inequívocas de que lo comprobable es la norma nos acercamos a un cisma que bien alejados nos va a dejar de lo que otrora considerábamos cierto o, peor (o mejor), real.

Detalles inquietantes:

Una de las soluciones de las ecuaciones de Maxwell sobre la luz se consigue al introducir una quinta dimensión de la cual procedería la onda electromagnética que nosotros vemos como luz.

Más del 99% del Universo es invisible, en forma de materia y energía oscura, lo que vemos y tocamos y sentimos, es menos del 1%.

En las fronteras de la física teórica hay individuos que trabajan la idea de las “no-partículas”, elementos invisibles que sustentarían, en teoría, la realidad.

Ahora vamos al otro lado:

En la tradición hindú un día y una noche de Brahma equivale, curiosamente, a la edad estimada del universo.

En varios mitos fundacionales el cosmos fue creado de la nada, como afirman las teorías más avanzadas.

En algunas religiones, el mundo está organizado por niveles, un número que se repite es el nueve, que en teoría de cuerdas es el número de las dimensiones espaciales.

Me consideraría profundamente afortunado de asistir ya no a una colisión sino a un consenso entre lo mágico y lo científico, porque no nos hagamos pendejos, ambos buscan lo mismo: la verdad.

Ya ha habido en la historia muestras de ello. Georges Lemaître fue un sacerdote católico y astrofísico que apoyó con fuerza la teoría del Big Bang puesto que él había desarrollado una hipótesis llamada el “Huevo Primitivo”, a la cual el mismo Einstein le hizo el fuchi por carecer de suficiente rigor científico, y vaya que Einstein era una persona cabal, en el plano intelectual y espiritual.

Hoy hablamos de agujeros negros, partículas virtuales y dimensiones extra como si cualquier cosa, la ciencia ha avanzado tanto y lo imposible se ha ido debilitando al mismo paso que un escepticismo cerrado y tajante, creo yo, es una regresión vergonzante. Una civilización madura ha de poder dialogar con su historia y su cultura y por tanto sus creencias más profundas.

Hoy, a diez milenios de la construcción de Göbekli Tepe, el presunto más antiguo santuario del que se tenga noticia, donde se erigió la que se piensa es la representación más antigua de un dios adorado de una manera organizada (religión). Deberíamos de tener la entereza suficiente de dialogar racionalmente con esa parte aún latente de nuestro espíritu mágico y místico, porque qué es eso sino la semilla de una curiosidad que nos llevó a preguntarnos por el Origen.

 

–        Hoy casi nadie rinde culto a Thor o a Zeus y nadie tuvo que demostrar que no existieron.

–        ¿Y tú puedes hacerlo?

–        Eso es lo que ustedes temen.

 

Este es un diálogo que sostiene un funcionario de la ONU con Karellen, el líder de los Superseñores, una raza extraterrestre que llega a la Tierra en la monumental novela de Arthur C. Clarke, El Fin de la Infancia.

Hay cosas que la ciencia no puede explicar y quizás nunca lo haga, pero tenemos mucho que pensar sobre el hecho de que material pseudocientífico esté hoy siendo estudiado seriamente, porque el hecho de que no lo veamos no significa que no existe. Si fuera al contrario no estaríamos aquí, porque la materia y la energía invisibles han forjado la estructura misma del espacio en que habitamos.

Lo esencial es invisible a los ojos (sí, de El Principito).

Todo como preámbulo para hablar de un amigo que se fue. Tuve la fortuna de conocerlo en la preparatoria. Coincidimos en una clase de inglés en la universidad y, cuando las clases y su monotonía me eran insoportables, me salía a caminar, de vez en cuando me lo topaba en los pasillos o jardines y platicábamos. Un tipo genial. Era una de las luces que hallaba yo de tanto en tanto en ese páramo que a veces se me hacía la universidad.

Michio Kaku ha dicho: en un universo infinito hasta lo más improbable pasará. Lo imposible no es locura, es cuestión de esperar.    

Anuncios


Deja un comentario

Testamento

La política es para el momento. Una ecuación, para la eternidad

Einstein

Quizás alguien piense que tengo muy poca fe en la humanidad y tal vez tengan razón, un poco. Sin embargo yo pienso que denunciar nuestra eminente pendejez es fundamental para ir mejorando paso por paso.

No tengo mucha idea sobre qué hablar, es lo cierto, así que iré escribiendo y a ver qué termina siendo. Ya un programa de televisión que me acompaña a diario y me hace las mañanas me da una pauta certera de qué debe aparecer hoy mientras tecleo.

El programa en cuestión es MythBusters, Cazadores de Mitos, y debo confesarme devoto. Allí, hace unos instantes, un experimento que involucraba una barrera de cinta industrial y un auto a control remoto alineado con una polea y un cable salió terriblemente mal. A lo que Grant Imahara decía: en este programa el fracaso siempre es una opción.

Bien, pues tiene mucha razón y no sólo en el programa.

Ya alguna vez comenté que creo que hacer las cosas mal, pese a hacerlo como si por ello nos pagaran, más que un problema es una oportunidad.

Así ha sido durante mucho tiempo pero hoy me detendré en otro de mis fetiches: la física.

Albert Einstein publicó a principios del siglo XX una teoría y su actualización, diez años después, que por decir lo menos vino a cambiar nuestra percepción de la realidad, así de cabrón fue.

Entre todo eso yace la, quizás, más famosa ecuación de la historia: E= mc2

¿Qué significa?

Para empezar es la razón por la cual las estrellas brillan. Es la razón por la cual estamos aquí, de hecho, es la razón por la cual todo está aquí. Lo que significa es que la energía (E) es equivalente a la masa (m) por la velocidad de la luz al cuadrado ( c2), el resultado: un chingo.

Es por ello que el sol puede generar por segundo mucha más energía que la que la humanidad ha consumido, convierte átomos de hidrógeno en helio por medio de la fusión, liberando toda la energía que vemos como luz, sentimos como calor y también de la que intentamos resguardarnos, la radiación UV.

En última instancia esa ecuación explica cómo el Big Bang se convirtió de pura energía a clusters de materia que eventualmente formaron estrellas y galaxias, además, también nos dice cómo es que en los núcleos estelares se forman los elementos pesados como oxígeno, carbono, nitrógeno, etcétera, los elementos que nos forman, en otra palabras, que somos hijos de las estrellas.

Pero, por el lado oscuro de la historia, esa ecuación dio la pauta para la construcción de la bomba atómica, no hará falta recordar las dos ciudades devastadas en Japón al final de la segunda gran guerra.

Esa ecuación de tres letritas encierra en sí misma un conocimiento tan vasto, que por la estupidez inmensa que hemos demostrado, parecería que no merecemos.

No creo que haya mejor ejemplo para aquello de que con el poder viene la responsabilidad.

La misma ecuación que mató a cientos de miles podría salvar más vidas en el futuro, ya que si logramos entenderla a fondo, podríamos utilizarla para dominar la fusión, lo que daría energía renovable prácticamente infinita a nuestra civilización.

El problema, en aquél entonces como hoy, es algo tan humano como corruptible: la política.

El grado de especialización que ha alcanzado la humanidad es tal, dice Michio Kaku, que estamos por dar el gran paso de una civilización de tipo 0, a una de tipo 1, para el final de este incipiente siglo.

¿Qué es una civilización tipo 1?

Es una civilización caracterizada por utilizar energías limpias y renovables y tener presencia a todo lo largo del planeta madre.  Lo segundo ya lo cumplimos, pero seguimos quemando carbón y petróleo, en otras palabras: animales y plantas muertos, dicho de esa manera suena aún menos sofisticado, pero es la verdad y es lo que ha de cambiar, y de hecho lo está haciendo.

Otro punto central de una civilización avanzada es la obsolescencia de la violencia y la agresividad. Algunos futuristas auguran que, si nos sigue pareciendo que estamos solos en el universo, podría ser una clara señal de que casi ninguna raza logró sobrevivirse a sí misma. Perecieron matándose entre ellos.

¿Parecido?

Para construir una civilización planetaria, necesitamos dejarnos de pendejadas y vivir en paz.

No sé cuánto voy a vivir, pero me encantaría verlo. También quisiera vivir para presenciar un viaje en el tiempo, un contacto extraterrestre, vida en otros planetas, que alguna de las teorías de la unificación se compruebe o ya de perdida, que el hombre llegue a Marte.

Seguro moriré mucho antes, pero ojalá se logre.


Deja un comentario

MashUps, esa inefable sensación del desconcierto; o ¿a quién diablos se le ocurre eso?

 

Hace unos días una muy buena amiga, quien también escribe un blog que les paso acá, me pasó un mashup que ya había visto hará no mucho pero que había olvidado por completo. No quiero aguar la sorpresa a nadie, la cosa es impactante. De hecho, con cierto humor ella misma ha posteado el 14 de febrero el video al que ahora mismo los remito desde su cuenta en Facebook. El enlace aquí.

No quiero poner palabras en boca de nadie pero podría apostar a que más de uno pensó ¿qué pedo?

No es una sensación nueva el desconcierto, ni mucho menos negativa. Creo que es la mejor forma de poner a prueba los límites de nuestras zonas de confort que poco a poco se van tornando rutinarias y mortales por consecuencia. Quien no se desconcierta de primera mano con algo que rompe con cualquier esquema de lo mínimo esperado es una persona que no merece mi atención, sorprenderse es parte de la vida y una muy fundamental.

El asombro ante la novedad, sea esta agradable o no al primer contacto permite dos cosas: uno, conocer un poco más del mundo y dos, distiende el tiempo psicológico para obtener un poco más del gozo de descubrir algo hasta ese momento insólito. Esa es la razón, dice Michio Kaku en la serie de documentales TIME, de la BBC,  por la cual un niño y un adulto difieren en su experiencia del tiempo, mientras que al primero le es eterno, al segundo se le escurre entre los dedos. Un niño no se aburre porque todo es nuevo, un adulto vale madre porque piensa que ya se ha visto todo, aún más, creo que a veces hasta se pierde la capacidad del desconcierto y eso sí que es peligroso.

En fin, con los MashUps me pasa algo curioso: pese a que ha sido mi intención hablar de cosas aparentemente inconexas en este blog, debo ser humilde y aceptar que estoy muy lejos de encontrar un video sobre el estudio de la mecánica de los cuellos de los búhos y componerle un rap, para finalmente dar al mundo una pieza de postmodernidad como monumento del absurdo. Aquí les dejo esta maravilla, yo cómo me he reído.

Ejemplos de mezclas hay muchos. Uno de los más inconcebibles ha sido una canción que celebraba a la por todo diseñador odiada fuente Comic Sans.

Mención aparte merecen las batallas de rap de la historia de las cuales me declaro seguidor y fanático. Dudo mucho que esos espasmos de genialidad lírica sean casualidad, quien esté detrás de ello seguro sabe de lo que habla, por más extrema que sea la pareja contendiente.

Una de estas batallas que no había visto hasta bastante pasado ya su momento fue la que enfrentó a Barack Obama y Mitt Romney, los candidatos en las elecciones pasadas de Estados Unidos. La liga aquí.

Para mí queda claro que si bien la mayoría de los mashups son pura mamada, unos cuantos tendrían forzosamente que convertirse en objetos de estudio. En el caso de las batallas de rap, y muy en específico de la de Obama y Romney, es evidente que el contexto político permea por completo la cultura. Por medio del humor, en este caso, se toma una postura.

Un caso similar aunque más subido de tono es la vorágine de cartones en los que se ha visto envuelto nuestro presidente, Peña Nieto, unos están para morirse de risa, una chulada.

Destaca también la rapidez con la que fluye la información y aún más sorprendente es la agilidad de manufactura de algunas imágenes. Sobre esto hace apenas unos tres días que se dio a conocer la noticia de que Ratzinger dimitía del papado. Aquél día yo me levanté temprano y estaba ya en mi computadora escribiendo para eso de las 8.30 de la mañana y para ese entonces yo ya había visto un desfile interminable de imágenes que relacionaban la noticia de la renuncia con la participación de Ratzinger (y por supuesto que estoy lejos de ser el único en notar el inquietante parecido)  en el próximo a filmarse Episodio VII de Star Wars como el emperador Palpatine. Pese a la premura, esta imagen da cuenta de la dedicación y la maestría de quien sea que lo haya hecho.

mashup

 

Algunas de las imágenes más hilarantes para mi gusto son las que han hecho de la longevidad de Chabelo un mito a la Matusalén. Tanto se ha dicho ya que yo comienzo a creerlo.

Para quienes no lo conozcan éste es Chabelo.

mashup1

 

 

Tiene un programa de televisión aquí en  México tan longevo como él mismo y los chistes a su alrededor van desde “recuerdo el big bang, fue un lunes por la mañana” hasta Harry Potter, el apocalipsis maya y, sí, por qué no, la dimisión del papa.

En fin, el humor. Quizás sea eso el común denominador de muchos de los mashups que circulan por las redes hoy. No obstante habría que pensar más fríamente sobre lo que se construye con base en él y en la extraña mezcla de discursos que se gesta con cada insólita conexión. Si el mundo es imagen, ¿qué chingados se está erigiendo a nuestro alrededor?

Por otro lado y más tranquilamente, puedo decir que una sociedad que le otorga tanto al absurdo y al humor tiene toda mi confianza para hacer del mundo un lugar mejor.

Un poco de absurdo para poder dormir bien hoy.

Nunca es suficiente, ¿verdad? 

 


Deja un comentario

Luz Negra, Física Poética

 

Uno más de mis fetiches es la física. Últimamente me ha sobrado el tiempo y he visto un chingo de documentales de este tema.

Algo que he pensado desde hace ya un muy buen tiempo es que la física comienza a parecerse un tanto a varios mitos. Poco a poco la ciencia se va reuniendo con la mística y la religión para darse cuenta de que no son más que dos caras de la misma moneda: las dos buscan darnos la misma respuesta.

Michio Kaku, un gran teórico en el campo de las Cuerdas, vino a reforzar mi idea en una serie de documentales maravillosos llamados Time. Una belleza. A lo largo de cuatro episodios Kaku explica la naturaleza del tiempo desde varias perspectivas: concretamente la humana-biológica, la geológica y la cósmica.

El tiempo es una cosa exótica porque no podemos verlo ni sentirlo, lo experimentamos sólo por sus efectos, pero no podemos decir que experimentamos el tiempo mismo.

Técnicamente el tiempo es una dimensión del espacio-tiempo, es una cuarta dirección en la que podemos movernos en relación a otros objetos y fenómenos en el universo. Pero sólo va hacia adelante, no obstante, la física no tiene problema alguno en que el tiempo vaya hacia atrás, las leyes funcionan como si qué cosa y parece que al mundo le vale un pito si el reloj gira a la derecha o en sentido inverso.

Esto ha detonado muchas especulaciones que podrían ser apiladas en una escala de lo excéntrico, porque así como simples divagaciones ya hay una contundente física del viaje en el tiempo matemáticamente posible, el problema recae en la ingeniería. Aún no tenemos los medios.

Esto como introducción para algo que sabrá el diablo dónde o cómo o si acaso terminará.

Bueno, uno de los efectos del tiempo es la evolución. Las cosas cambian, no por nada yo hoy soy mucho más que un par de células haploides, por fortuna o por desgracia.

Pero ¿el tiempo mismo cambia?

Sí, lo hace. Porque así cambia el espacio y, desde Einstein, son el mismo entramado.

El tiempo cosmológico se ha divido para su estudio en cinco grandes (vastísimas) eras. Sus números son tan grandes que es un despropósito escribirlos, hasta están en notación científica.

Estas cinco eras dividen a su vez el tiempo en relación con la duración de ciertos efectos visibles aunque no experimentables en el lapso de una vida humana, por el simple hecho de que vivimos una nada.

La Primera de las Eras es la Primordial. Consta del Big Bang, la inflación (esto es la expansión acelerada del universo) y la nucleosíntesis (la formación de los átomos como los conocemos). Sucedió hace mucho y culmina cuando el universo fue transparente por primera vez. ¿Transparente? Sí, transparente: la densidad de la materia en esta fase era tanta que la luz no podía viajar libremente, cuando los átomos se formaron, digamos que, en pocas palabras, dejaron huecos por los cuales la luz pudo viajar en el vacío.

La Segunda de las Eras es la Estelar. Vivimos en ella. Una chulada, hay estrellas, galaxias, planetas y vida. Las condiciones son las necesarias para que sea una chingonería. Durará bastante más, ya que su final se prevé cuando la materia ya no pueda formar nuevas estrellas y las existentes mueran como supernovas y agujeros negros o enanas blancas y marrones de poca energía.

La Tercera Edad es la Degenerativa. Esto quiere decir que al ya no formarse nuevos átomos los existentes comenzarán a decaer, se extinguirán, se descompondrán, se evaporarán. Todo al final será sólo un mundo de agujeros negros que consumirán toda la materia restante.

La Cuarta Edad es la Edad de los Agujeros Negros. No habrá otra cosa, sólo agujeros negros devorándose unos a otros pero incluso ellos no son eternos: los agujeros negros irradian fotones a intervalos regulares y constantes, eventualmente se evaporarán también al perder toda su masa de esta forma (lo que toma muchísimo tiempo).

Finalmente el universo llegará a la era Oscura. Sólo habrá fotones tan dispersos (puesto que el universo seguirá expandiéndose) que no radiarán luz. Sin embargo, son partículas de luz. Todo finalmente será luz.

Esto por supuesto, es una teoría, hay parámetros desconocidos aún que cambiarían las cosas, como la densidad total de la materia, que dependiendo de su valor hará que el universo se estabilice, se contraiga o se expanda. Nadie sabe realmente.

Como sea, no podemos dejar de lado las peculiaridades que se dan entre los mitos y la ciencia. La casi unánimemente aceptada teoría del Big Bang denota el nacimiento no sólo del cosmos sino del tiempo mismo, esto es: el tiempo es finito. Como en muchas religiones hubo un momento de creación.

Así mismo, el final es elocuente: acabará en un suspiro. Muy, muy lento y frío. En este sentido aunque finito hacia el pasado, el tiempo parece interminable hacia el futuro. Pero hay varias posturas al respecto.

Otra es la Cosmología Cíclica Conforme de Roger Penrose, que concibe a todo el espacio-tiempo como una estructura, digamos, reutilizable (esto lo digo yo). Al cabo de cada eón el universo vuelve a comprimirse por alguna cuestión gravitatoria cuántica (que por más que quise no pude entender) y rebota. Es decir, vuelve a expandirse. El resultado es que el universo siempre es uno, pero con muchas vidas o versiones, por decirlo de algún modo.

Esto parece un poco más apegado  a la cosmovisión de culturas de la India o prehispánicas, donde el tiempo es cíclico, la Tri Murti del hinduismo refleja esta noción. El Universo es creado, se mantiene y finalmente se destruye para recomenzar el ciclo. Los Soles de la cosmovisión mexica son análogos.

Pero finalmente la concepción cíclica, aunque finita en intervalos, denota cierta eternidad. Así, en el budismo y algunas otras cosmovisiones el universo no tiene tiempo.

Lo que sea o no cierto es una cuestión de fe, finalmente. Incluso la ciencia ha llegado a un punto crítico donde la posibilidad se ha de tomar como hecho. La incertidumbre es fundamento del Universo.

Rescatable es, y no gratuito, por supuesto, el coqueteo de la física con algo más parecido a la metafísica. Tampoco hemos de considerar sinsentido al bonito oxímoron del título: Luz Negra, finalmente, en la cinco eras del universo, esta curiosa paradoja es válida y cierta, de una u otra manera.

Creo que vivimos una etapa perfecta para conectar al fin cada relato de un principio y un final en una sola historia. El conocimiento es uno, Ciencia, Arte y Religión, son hermanas y son pródigas que ya se vienen encontrando, sus coincidencias son muy elocuentes. Todas buscan llegar al mismo sitio: comprendernos. Cada una a su manera, distintos caminos para una única física poética: ser uno con el Todo.


Deja un comentario

Del Plano al Hiperespacio

 

El artista holandés Maurits Cornelis Escher, nacido en 1898, legó al mundo una basta e impresionante obra de formas imposibles y mundos matemáticos desconcertantes con su técnica tan depurada de grabado.

Fractales, teselados, perspectivas inauditas y un profundo entendimiento del espacio es lo que nos muestra Escher en su fantástica obra, llena de un orden casi místico, sobrenatural, que favorece una visión extendida del mundo y de la ventana que es el plano, el lienzo, la imagen bidimensional carente de volumen, sin más allá que la superficie del papel o la madera o la pared. Pero ahí está la conciencia, la mente y el guiño, donde tantos vieron una muerte, un punto final, Escher vio materia en otros mundos: Escher, es un poeta de los números, la geometría y lo visual.

Además del gran trabajo técnico no puedo dejar de mencionar una lucha notable: la tendencia al equilibrio, el juego de las formas y el color, los contrarios que resuelven siempre una unidad conceptual del cuadro que le otorga su profundidad y su belleza.

No menos elocuente resulta el hecho, tantas otras veces observado, de la puntual interpretación que el arte hace del mundo y de la ciencia, algunas ocasiones de maneras visionarias: el Espíritu siempre se adelanta.

Otro Mundo II

La obra de Escher puede dar pauta a una comprensión por la vía estética de las teorías que afirman una concatenación de dimensiones que suman complejidad a nuestro ya de por sí complejo Universo.

Particularmente quisiera mencionar algo que parecerá una hipérbole pero que la matemática astrofísica y cuántica respaldan con cierta veracidad. Stephen Hawking subrayó en su libro El Universo en una Cáscara de Nuez una de las ideas más trascendentales sobre los agujeros negros. Lo trascendente de esto radica en la implicación que tendría en nuestra concepción del universo y de nosotros mismos como parte de éste.

Los agujeros negros se encuentran catalogados como singularidades espaciotemporales. Michio Kaku, físico, futurólogo, entre otras cosas, alguna vez comentó que esta palabra, singularidad, es una manera elegante que los físicos tienen para decir que no saben nada. La singularidad es un punto en el cuál una teoría deja de ser válida. La razón por la cual sucede esto puede ser desde que la teoría está incompleta en su estructura hasta que el fenómeno singular se rige por leyes superiores que ni siquiera hemos notado que existen y por nuestra incompetencia las calificamos como caos.

Volviendo al libro de Hawking, los agujeros negros han sido estudiados por la holografía, una rama de la física que, como su nombre lo indica, tiene que ver con los hologramas. Los hologramas, los que compran los niños, los que están en las tarjetas de crédito, sean los que sean, funcionan con el principio de reunir dos imágenes bidimensionales para formar una ilusoria imagen tridimensional. Ahora, ¿por qué son estudiados de esta forma los agujeros negros? La explicación es enorme, pero en resumidas cuentas los agujeros negros son superficies límite del espaciotiempo que, al devorar materia y extraviarla en sabrá el diablo dónde (una violación a la ley de conservación, uno de los pilares de la física, lo cual la derribaría), la transportan a:  1) otro lugar del cosmos expulsándolo a través de un (aún) hipotético agujero blanco; 2) lo transportan a otro (aún) hipotético universo, fungiendo como un Big Bang para esta ramificación de nuestro espaciotiempo; 3) lo transportan a otra (aún) hipotética dimensión. Lo que sea que le ocurra a la materia no es del todo imposible, la matemática lo permite.  Pero volviendo al agujero negro, Hawking cree que esta materia no puede desaparecer del todo de nuestro universo, queda un rastro de información de este lado del agujero, de hecho, sobre la superficie del agujero. Es Aquí donde entra la holografía, supuestamente esta información codificada en la superficie de la singularidad es suficiente para poder reconstituir la materia extraviada, con lo que la ley de la conservación no es violada, así, los agujeros negros son hologramas. En superficies planas se codifican imágenes superdimensionales, Escher nos muestra lo mismo en sus grabados. Es un chingón.

Pero vamos un poco más allá. Otro de los eternos debates sobre el universo, la vida y todo lo demás radica en la forma del universo: ¿plano, hiperboloide, esférico? Para lo que me interesa, que es perturbar, digamos que es esférico. De hecho Hawking en el libro ya citado cree bastante en esto.

Me ahorraré mayores detalles recomendándoles el libro.

Siendo esférico y suponiendo que vivimos en la superficie (imagen análoga a la superficie de nuestro planeta) cabe la pregunta de ¿qué hay adentro? La hipótesis resuelve esto sugiriendo que, como en los agujeros negros, nosotros somos información en la superficie de la tela del espaciotiempo, vulgares sombras de tres dimensiones de una existencia pentadimensional, o superior, en el interior del Universo.

Mejor seguir preocupándonos por tener limpio el auto.