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MashUps, esa inefable sensación del desconcierto; o ¿a quién diablos se le ocurre eso?

 

Hace unos días una muy buena amiga, quien también escribe un blog que les paso acá, me pasó un mashup que ya había visto hará no mucho pero que había olvidado por completo. No quiero aguar la sorpresa a nadie, la cosa es impactante. De hecho, con cierto humor ella misma ha posteado el 14 de febrero el video al que ahora mismo los remito desde su cuenta en Facebook. El enlace aquí.

No quiero poner palabras en boca de nadie pero podría apostar a que más de uno pensó ¿qué pedo?

No es una sensación nueva el desconcierto, ni mucho menos negativa. Creo que es la mejor forma de poner a prueba los límites de nuestras zonas de confort que poco a poco se van tornando rutinarias y mortales por consecuencia. Quien no se desconcierta de primera mano con algo que rompe con cualquier esquema de lo mínimo esperado es una persona que no merece mi atención, sorprenderse es parte de la vida y una muy fundamental.

El asombro ante la novedad, sea esta agradable o no al primer contacto permite dos cosas: uno, conocer un poco más del mundo y dos, distiende el tiempo psicológico para obtener un poco más del gozo de descubrir algo hasta ese momento insólito. Esa es la razón, dice Michio Kaku en la serie de documentales TIME, de la BBC,  por la cual un niño y un adulto difieren en su experiencia del tiempo, mientras que al primero le es eterno, al segundo se le escurre entre los dedos. Un niño no se aburre porque todo es nuevo, un adulto vale madre porque piensa que ya se ha visto todo, aún más, creo que a veces hasta se pierde la capacidad del desconcierto y eso sí que es peligroso.

En fin, con los MashUps me pasa algo curioso: pese a que ha sido mi intención hablar de cosas aparentemente inconexas en este blog, debo ser humilde y aceptar que estoy muy lejos de encontrar un video sobre el estudio de la mecánica de los cuellos de los búhos y componerle un rap, para finalmente dar al mundo una pieza de postmodernidad como monumento del absurdo. Aquí les dejo esta maravilla, yo cómo me he reído.

Ejemplos de mezclas hay muchos. Uno de los más inconcebibles ha sido una canción que celebraba a la por todo diseñador odiada fuente Comic Sans.

Mención aparte merecen las batallas de rap de la historia de las cuales me declaro seguidor y fanático. Dudo mucho que esos espasmos de genialidad lírica sean casualidad, quien esté detrás de ello seguro sabe de lo que habla, por más extrema que sea la pareja contendiente.

Una de estas batallas que no había visto hasta bastante pasado ya su momento fue la que enfrentó a Barack Obama y Mitt Romney, los candidatos en las elecciones pasadas de Estados Unidos. La liga aquí.

Para mí queda claro que si bien la mayoría de los mashups son pura mamada, unos cuantos tendrían forzosamente que convertirse en objetos de estudio. En el caso de las batallas de rap, y muy en específico de la de Obama y Romney, es evidente que el contexto político permea por completo la cultura. Por medio del humor, en este caso, se toma una postura.

Un caso similar aunque más subido de tono es la vorágine de cartones en los que se ha visto envuelto nuestro presidente, Peña Nieto, unos están para morirse de risa, una chulada.

Destaca también la rapidez con la que fluye la información y aún más sorprendente es la agilidad de manufactura de algunas imágenes. Sobre esto hace apenas unos tres días que se dio a conocer la noticia de que Ratzinger dimitía del papado. Aquél día yo me levanté temprano y estaba ya en mi computadora escribiendo para eso de las 8.30 de la mañana y para ese entonces yo ya había visto un desfile interminable de imágenes que relacionaban la noticia de la renuncia con la participación de Ratzinger (y por supuesto que estoy lejos de ser el único en notar el inquietante parecido)  en el próximo a filmarse Episodio VII de Star Wars como el emperador Palpatine. Pese a la premura, esta imagen da cuenta de la dedicación y la maestría de quien sea que lo haya hecho.

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Algunas de las imágenes más hilarantes para mi gusto son las que han hecho de la longevidad de Chabelo un mito a la Matusalén. Tanto se ha dicho ya que yo comienzo a creerlo.

Para quienes no lo conozcan éste es Chabelo.

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Tiene un programa de televisión aquí en  México tan longevo como él mismo y los chistes a su alrededor van desde “recuerdo el big bang, fue un lunes por la mañana” hasta Harry Potter, el apocalipsis maya y, sí, por qué no, la dimisión del papa.

En fin, el humor. Quizás sea eso el común denominador de muchos de los mashups que circulan por las redes hoy. No obstante habría que pensar más fríamente sobre lo que se construye con base en él y en la extraña mezcla de discursos que se gesta con cada insólita conexión. Si el mundo es imagen, ¿qué chingados se está erigiendo a nuestro alrededor?

Por otro lado y más tranquilamente, puedo decir que una sociedad que le otorga tanto al absurdo y al humor tiene toda mi confianza para hacer del mundo un lugar mejor.

Un poco de absurdo para poder dormir bien hoy.

Nunca es suficiente, ¿verdad? 

 

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Exagerar, esa es el arma

–        Nosotros nos comemos el miedo en el desayuno.

–        Sí, con bombones de calavera.

Skipper y Kowalski

Ayer que empezó el año lo inicié de la manera que mejor domino: pendejeando. Me levanté para darme cuenta de que me había perdido los Cazadores de Mitos (la razón de mis mañanas) y decidí darme un respiro antes de trabajar, sí, trabajar en primero de enero, ya que debía acabar un proyecto que si bien me va me sacará de pobre y si no pues no y seguiré escribiendo mi blog porque hay veces que es mejor tener el alma plena que dinero en la cartera.

En fin.

Como ya se habrá notado tengo un marcado gusto por las caricaturas: son una maravilla,  un ejemplo extraordinario de pensamiento lateral. Cuando yo tengo problemas veo la tele, normalmente Nickelodeon, si no hay nada que me agrade voy a la computadora y busco un par de capítulos, me hacen el día. El punto es que pensar caricaturescamente me funciona. Para un niño las caricaturas son entretenidas porque las cosas, como sea, se solucionan.

Pura mamada, dirá un adulto. Pues quien lo diga que se muera.

Las caricaturas enseñan un par de cosas que a nosotros que crecimos se nos olvidan: sacarle la vuelta a la situación y exagerar en las maneras. En una palabra: jugar.

El juego, para casi todo mamífero, es un entrenamiento para algo que nosotros hemos venido a bien llamar la vida.

Y si el juego enseña a vivir ¿por qué dejar de hacerlo? Los problemas no se terminan, no debiera tampoco terminarse el mecanismo que nos muestra cómo darles solución.

Exagerar, esa es el arma

Los Pingüinos de Madagascar fueron la primera serie de Nickelodeon en colaboración con Dreamworks Animation, y son una chulada. Bastante independiente de las películas, la serie se basa, como podrán imaginarse, en los pingüinos.

Skipper, Kowalski, Rico y Cabo mantienen operaciones secretas para mantener la paz en el zoológico de Central Park. No daré mayores detalles, la serie es un caos. Cada vez que los veo no puedo sino sonreír de la complicación a la que llega un argumento tan sencillo como “se acabaron nuestros dulces favoritos”. Más felicidad da la manera en que solucionan la carencia y más cuando al final un pingüino es regurgitado por otro diciendo totalmente perturbado: !Las cosas que he visto¡

El punto es que las caricaturas estimulan un mecanismo que debiera ser mantenido siempre ¿por qué sólo un niño ha de jugar? El juego estimula la creación de escenarios hipotéticos que ponen a prueba la capacidad de razonamiento y solución de problemas, en una palabra, imaginar.

Pero ahí estamos en un mundo gris y rutinario que devalúa por mucho las aptitudes propias de un niño y, si eso no fuera suficientemente estúpido, la vida ahora fuerza a la infancia a crecer más de prisa. Alguien está haciendo las cosas muy mal.

Los Pingüinos de Madagascar, además, exponen otro medio para el juego: la exageración. Un graffiti pintado en la Sorbone en París en 1968 anunciaba lo siguiente: exagerar es ya un comienzo de invención.

Y tiene sentido, un niño lo hace para hacer más entretenido su juego y consecuentemente lo resuelve. ¿Cómo? Pues como sea. Habrá maneras.

Me retiro, voy a ver caricaturas para seguir aprendiendo a vivir.


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El héroe, el mito y el espíritu: La leyenda de Aang

Discípulo de Carl Gustav Jung, Joseph Campbell estudió las religiones y los mitos fundacionales de muchos pueblos antiguos desde una postura psicoanalítica, deduciendo por este medio una suerte de estructura básica aparentemente inherente a los deseos y pulsiones naturales de la condición humana en un nivel discursivo y narrativo que explica los cuestionamientos más prístinos del cosmos: la creación del mundo y de los hombres, y el devenir histórico.

El postulado de Campbell habla sobre un supuesto monomito, un discurso que funge como cimiento de toda construcción mítica, legendaria o narrativa y que implica elementos de la psicología humana desde las primeras etapas del desarrollo hasta la madurez. Es decir, los mitos nos hablan de cómo somos y cómo nos formamos, son narraciones originales en el sentido de que nos hablan del origen. De tal forma, cada región, país o religión tiene su versión particular del origen del mundo, inspirada e influenciada por su entorno, por sus costumbres y tradiciones y por su historia, todo esto reflejado en los textos ya sean escritos o transmitidos oralmente de manera metafórica.

Una de tantas coincidencias entre los distintos mitos revisados por Campbell es la invariable aparición de El Héroe, personaje de características particulares que van desde una entereza ética inquebrantable hasta suertes mágicas que le otorgan poderes o fortuna. De una u otra manera, el héroe es el elegido y como tal, debe afrontar su destino: la salvación de su pueblo y la trascendencia. Suena fácil así, sólo escrito. Pero remito a la obra El Héroe de las Mil Caras, de J. Campbell, para ahondar en el tema y las vicisitudes que el desdichado, llámese como se llame (Buda, Jesús, Frodo o Luke Skywalker), debe pasar para completar su misión y destino.

En fin, todo el preludio como pretexto para hablar sobre una curiosa serie transmitida por Nickelodeon: Avatar, La Leyenda de Aang.
Antes de continuar aclaro que hablaré de la serie animada y no de la película, la cual ni he visto.

La Leyenda de Aang narra la historia de… sí, Aang, un niño de 112 años que escapó de su hogar por que lo separaron de su maestro y amigo, el monje Gyatso, para entrenarlo alrededor del mundo y convertirse en un Avatar pleno, cosa que Aang nunca quiso ser.

Contextualizo:

En el universo que propone esta serie el mundo está divido en cuatro naciones, cada una representada por un elemento de la naturaleza, a saber: Las Tribus del Agua (Norte y Sur, se ubican en los polos y en los pantanos), El Reino Tierra, La Nación del Fuego (la más industrializada ya que pueden crear metal por su poderes con el fuego y generar energía con carbón por la misma razón) y Los Nómadas del Aire (esparcidos por el mundo en cuatro templos, Norte, Sur, Este y Oeste).

Cada nación tiene su territorio y su población, la cual puede o no ser Maestro del elemento correspondiente a su nacionalidad. Ser Maestro implica poder controlar el elemento en cuestión: los maestros del agua mueven masas acuosas o las congelan, los maestros tierra hacen lo propio con rocas y porciones considerables de terreno, de igual manera los maestros aire y fuego, con sus respectivos elementos. Cada elemento va ligado con una visión particular del mundo, casi una filosofía o religión, como se guste, y esto se ve reflejado en las enseñanzas que reciben en sus entrenamientos, además de ser perceptible en las personalidades de cada nación.

Los Controles de los elementos son usados para realizar tareas, construir, fabricar tecnología o para la diversión. Sin embargo, en un aspecto no tan relajado, son usados para la defensa militar o para la meditación trascendental debido a su conexión íntima con la naturaleza.

El mundo debe estar equilibrado (las caricaturas sí enseñan pero tristemente no aprendemos), para lo cual existe la figura de El Avatar, un maestro capaz de controlar los cuatro elementos y que recibe la carga de armonizar a todas las naciones unas con otras, y al mundo entero con el Mundo de los Espíritus. El Avatar es elegido de manera vitalicia y rencarna en algún niño de la siguiente nación del ciclo de los elementos (Agua, Tierra, Fuego y Aire). Es elegido al constatar que entre miles de juguetes el niño toma los cuatro que pertenecieron a todas sus vidas pasadas (algo similar a la verdadera forma en que se eligen los Dalai Lamas, hasta donde sé) y que cada uno de estos juguetitos representa a un elemento y por tanto a una nación.

Ahora continúo con la historia: Aang es un maestro aire que desafortunadamente le toca vivir el comienzo de una guerra liderada por la Nación del Fuego para conquistar a todo el mundo. Debido a esta eventualidad, los monjes que lo cuidan y lo entrenan deben revelarle su condición de Avatar cuatro años antes de lo que dicta la tradición (a los 16 años). Debido a esto, Aang se siente sumamente angustiado y las cosas empeoran cuando sus superiores deciden mandarlo a entrenar en otro Templo del Aire. Es aquí cuando Aang escapa, cayendo en una tormenta al mar y congelándose en una burbuja en un estado espiritual latente llamado Estado Avatar, que lo preserva con vida ante la inminente amenaza de ahogarse. Así permanece Aang durante cien años, despertando cuando la guerra está por terminar, recibiendo la ayuda espiritual de su predecesor Avatar Roku, quien le dice que debe derrotar al Señor del Fuego para recuperar el equilibrio del mundo antes de que sea demasiado tarde.

No digo más, la serie es excelente y la recomiendo ampliamente.

Continuaré diciendo que La Leyenda de Aang es un buen ejemplo de la tesis de Campbell, los elementos de la creación mitológica son palpables. La razón del mundo, su origen, son dados a cuentagotas en tal o cual capítulo, otorgando al seguidor atento un mapa bastante elocuente de la cosmogonía del universo de la serie.

El bagaje cultural es exquisito para quien se dedica a escudriñar los contenidos y no sólo a ver la serie por encima y sin ningún cuidado. Una interesante mezcla de épicas, filosofías y posturas espirituales dan como resultado un muy completo y congruente marco referencial sobre el cual los personajes actúan de tal o cual forma y que permiten al espectador darse cuenta que la línea, por decir algo, entre el bien y el mal, no es para nada evidente y dicotómica en este contexto: los matices son fundamentales en Avatar, le otorgan volumen y sustancia a lo que el programa nos dice, es un manual para curar el alma, porque es lo que Aang habrá de hacer para convertirse en Avatar.

Para muestra de este último punto sólo hace falta mencionar un capítulo de la tercera temporada donde Aang emprende un viaje espiritual con su vida pasada, Avatar Roku, para conocer su pasado. Frases puntuales y certeras acompañan el argumento del episodio como:

“Para poner fin a esta guerra debes saber cómo empezó”
“El amor duele cuando se es joven”
“Hay amistades tan fuertes que trascienden la vida”

¿Programa para niños? ¿Una serie sin fundamento? ¿Devaneos, absurdos? Véanla y discutimos al respecto.

Nota: La Leyenda de Aang actualmente se retransmite en el bloque nocturno de Nickelodeon los fines de semana, esto como contexto para la nueva serie y spin off: Avatar, La Leyenda de Korra, ambientada 100 años delante del tiempo de Aang, y que cuenta la historia de Korra, la nueva Avatar, en un mundo de los años veinte y cuya trama gira en torno a una revolución social alimentada por el resentimiento entre clases sociales ¿interesante, no? La Leyenda de Korra se transmite los sábados y domingos a las 12.30 del día en el mismo canal.


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Calamardo Tentáculos: la realidad laboral; o de cómo el cinismo nos salvará el alma

 

No dejes que tu corazón se escape, a menos que a tu cerebro le salgan pies y lo siga

-Patricio Estrella-

 

Lo cierto es que las cosas no van bien. En el actual ambiente de controversia por la reforma a la Ley Federal de Trabajo en México la desinformación es una constante, rumores terribles sobre salarios que serán aún más paupérrimos no se dejaron esperar. Lo más certero es que una reforma que se esperaba histórica resultó en un remedo, un vulgar parche a la deteriorada figura legislativa que era y la causa no es otra que la falta de consenso dentro de la Cámara.

Mientras una bancada se retira en plena votación, el presidente halaga la parcial aprobación de la reforma y opiniones y manifestaciones encontradas se dan aquí y allá y lo único que va quedándonos es la actitud.

Calamardo Tentáculos, del programa de Nickelodeon, Bob Esponja (SpongeBob SquarePants), es ciudadano de Fondo de Bikini, una ciudad submarina que aventuro, por el nombre, que se ubica bajo el atolón Bikini en el Pacífico sur, forma parte de la nación insular de las Islas Marshall y actualmente está deshabitado. A mediados del siglo XX fue sitio de pruebas nucleares y estuvo bajo administración estadounidense hasta 1990, pero eso no es lo importante.

Calamardo vive entre las casas de Patricio y Bob Esponja, y como éste último, trabaja para Don Cangrejo en el Crustáceo Cascarudo. A Calamardo no le gusta su trabajo, de hecho lo detesta y no tiene empacho en admitirlo. Le hecha en cara a Don Cangrejo las deplorables condiciones en que los mantiene laborando: horas extras, un salario infame, ni un día de vacaciones, en algunos capítulos nos enteramos que lejos de pagarles, Don Cangrejo eventualmente les cobra, entre otras cosas hilarantes. Pero de broma en broma la verdad se asoma.

La situación no dista mucho de lo patético que es trabajar en el Crustáceo. La generación que ahora egresa, la mía, y las siguientes, nos topamos con un cada vez más difícil ambiente laboral. Pocas esperanzas de mejora se esfuman al darnos cuenta de que cada vez somos más y cada vez hay menos. Lo más triste es que hasta cierto punto es natural: la tecnología nos  ha hecho prescindibles. Habrá que encontrar nuevas cosas qué hacer, que aún no pueda hacer una computadora o un robot y ser felices mientras dure.

Aún más, ante el sombrío panorama financiero mundial, el apocalipsis parece cantado.

Pero no todo es tristeza y amargura, desolación y oscuridad. Calamardo nos enseña que el cinismo en una vía. O, quizás, La Vía.

Calamardo soporta su mediocre vida porque en el fondo cultiva algo que a todos se nos olvida: el alma. Clarinetista, pintor, escultor, coreógrafo, jardinero y diseñador de interiores, Calamardo sabe de la vida. No tiene reparo en restregarle a otros su superioridad intelectual y, aunque egocéntrico, su cinismo no es consecuencia de otra cosa más que de su ambiente: monótono, plano y anodino. Su trabajo lo explota a él, no a su talento y como siempre, hay alguien con más suerte que quizás no debería gozar de tantos de sus sueños, Calamarino Elegante. En fin, es Calamardo contra el mundo.

El cinismo, por su parte, fue una escuela de pensamiento griega surgida alrededor del siglo IV a. c. y que sobrevivió hasta el siglo V de nuestra época. Reinterpretaron la doctrina socrática, elaborando un modo de vida muy austero, el cual les valió el nombre (cínico, del griego kyon, perro).

Quizás la vida de Calamardo no parezca muy austera con su queso importado o sus baños de burbujas. Pero los cínicos no sólo se desprendieron de lo material, sino que pensaban que la verdadera civilización y la dicha se conquistarían por la autonomía y el espíritu. ¿Qué más le da a Calamardo que Don Cangrejo le cobre en vez de pagarle si al llegar a casa pone un disco? La actitud de Calamardo es realmente cínica, pese a toda disonancia encuentra la manera de adecuarse al entorno: los cínicos buscaban la comunión con la naturaleza (ellos inventaron la palabra cosmopolita, que en su etimología, literalmente significa ciudadano del universo). Calamardo, en la música, encuentra esta unión. No son pocos los capítulos donde el personaje alcanza la alegría, que en tantas otras ocasiones se le escapa, con la música. El velo de irreverencia y amargura es sólo un escudo contra el resto. Calamardo mantiene limpia y sana el alma, y eso es justo lo que deberíamos de comenzar a hacer al tiempo que buscamos empleo.

Por más Crustáceo Cascarudo y Don Cangrejos que encontremos, hay que tener presente que el alma no vive de dinero, sino de lo que cada uno ame.

 

 

 

 

 


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Error de Culto

Un accidente está en el origen de toda tentativa de evolución  – Gaston Bachelard, La Intuición del Instante

 

Cecilia Giménez, quien saltó a la fama hace poco tiempo debido a su polémica intervención sobre el original de Elías García Martínez, Ecce Homo, ha sido homenajeada por colectivos artísticos que opinan que su error no fue tal, sino el alumbramiento de un ícono pop.  A continuación la imagen y un comentario: ¿en qué punto se dio cuenta de que algo no cuadraba bien? Y, ¿por qué no se detuvo?

La obra original y su restauración

No pretendo encontrar respuesta a estas preguntas, sólo fueron las primeras palabras que brotaron de mi mente cuando vi en el periódico la imagen, acto seguido, encendí la computadora y busqué lo que mi alma tanto ansiaba: una segunda opinión.

No encontré una, sino muchas.

Ante mí desfilaban, imagen tras imagen, un bestiario muy curioso. La gran capacidad de alcance de la red golpeó con todo su potencial a la pequeña población de Borja, Zaragoza. La imagen del aparentemente garrafal error produjo no sólo un afluente de atención mediática a la población española y los protagonistas de la anécdota sino que estimuló sinceramente la curiosidad, la creatividad y el sentido del humor de la comunidad web.

Algunas imágenes del evento de Wallpeople

Wallpeople, colectivo de intervención artístico en espacios urbanos, invitó al público a compartir sus reproducciones del nuevo Ecce Homo de Borja, y he aquí la maravilla: la intervención de Giménez es ahora la obra misma.

¿Quién dice qué es arte y qué no? La historia y la audiencia. Marcel Duchamp, para muchos el padre del arte conceptual con su pieza Fountain, decía que “no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”. El nuevo Ecce Homo de Borja se ha legitimado por esta vía en ícono pop de nuestros días. Para muestra, la cantidad creciente de votos en la fundación change.org pidiendo que la restauración permanezca intacta pese a los deseos del párroco y de la comunidad de Borja de restaurarla a su estado original y la aún más impresionante variedad de reinterpretaciones de la obra a la manera de grandes de la pintura: Da Vinci, Klimt, Warhol; que si bien pueden ser una mofa, no hay que dejar pasar de largo el hecho, incuestionable, de la explosión creativa que resulta de reinterpretar el hecho.

Mona Lisa, Da Vinci

El beso, Klimt

Marilyn Monroe, Warhol

Figuras como el cineasta Alex de la Iglesia ha comentado en sus redes sociales que la obra de Giménez, así como el revuelo que causó, son un reflejo exacto de nuestra manera de ver el mundo en estos días.

La Creación del Hombre, Miguel Ángel

Yo no sé si es arte, pero cómo me dio risa, y creo sinceramente que el humor es un importante indicador de la bondad de las cosas. Y suceda lo que suceda con el cuadro, el fenómeno a su alrededor no puede ser visto como un simple chiste multitudinario: hay algo en él de cómo creamos hoy nuestros símbolos y avanza una cultura que cada día se acerca más a ser global.

Bob Ross pintando el Ecce Homo