Otros Lados

Hay mucho de qué hablar


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Invisible a los Ojos

Ayer hablaba con un profesor mío a quien le he aprendido mucho y espero seguir haciéndolo sobre una variedad de temas que fueron desde un sueño que tuve hasta el libro que me regaló (La Mente Nueva del Emperador, sobre cibernética y física). Y de un tema al otro terminé por mencionar un par de capítulos de la serie de divulgación científica “Through The Wormhole”, titulada con ostentosa carencia de imaginación en español como “Grandes Misterios del Universo con Morgan Freeman”, que giraban en torno a fenómenos normalmente tratados de paranormales o, en el mejor de los casos, ciencia ficción. A saber: otras dimensiones, el multiverso, alienígenas y mi capítulo favorito hasta ahora: conciencia, pero no sólo la que me hace saber que yo soy yo sino una más profunda, verdaderamente arraigada en la vida, se habló incluso de una conciencia vegetal.

Me ha llamado mucho la atención desde hace ya algunos años el hecho de que ciencia y religión se van coqueteando cada vez con más soltura porque ¿qué carajos hacen científicos renombrados investigando fenómenos paranormales? Desde que la nueva física nació, y hará más de un siglo de eso, las cosas en esto que llamamos realidad se han puesto no menos que exóticas.

Tan sólo tratar el tema de la física cuántica suena ya más a superstición que poner de cabeza al santo para conseguir pareja y sí, porque, y me pongo de ejemplo, eso de que si uno no mira algo es cuestionable el hecho mismo de su existencia, como el experimento imaginario del gato de Shrödinger, donde uno coloca al minino en una caja con un isótopo radiactivo que puede a) decaer; o bien, b) no decaer; y que dependiendo de eso activará o no un mecanismo que matará al gato y que mientras uno no abra la caja el gato está virtualmente vivo y muerto al mismo tiempo me ha tocado las fibras más sensibles de mi paranoia. Y hace una semana fui yo a una graduación para la cual repetidamente me insistieron en no perder mi invitación porque si no no entraba y yo, precavidamente, la guardé en un lugar muy seguro y la revisaba constantemente, porque no vaya a ser que los átomos y sus estados cuánticos y de una mirada a otra la invitación ya no estuviera y yo me quedaba sin fiesta.

Y ha sido la física, de la cual soy devoto, quien me hace creer en esto porque sí, porque a la ciencia  le gustan los hechos, máxime con cada nuevo experimento que demuestra más fehacientemente la validez de la teoría y con todo mi paranoia no tiene para cuando mejore.

Y a lo que voy es que lo imposible (¿?) va dejando de lado el prefijo y tras una larga historia de muestras inequívocas de que lo comprobable es la norma nos acercamos a un cisma que bien alejados nos va a dejar de lo que otrora considerábamos cierto o, peor (o mejor), real.

Detalles inquietantes:

Una de las soluciones de las ecuaciones de Maxwell sobre la luz se consigue al introducir una quinta dimensión de la cual procedería la onda electromagnética que nosotros vemos como luz.

Más del 99% del Universo es invisible, en forma de materia y energía oscura, lo que vemos y tocamos y sentimos, es menos del 1%.

En las fronteras de la física teórica hay individuos que trabajan la idea de las “no-partículas”, elementos invisibles que sustentarían, en teoría, la realidad.

Ahora vamos al otro lado:

En la tradición hindú un día y una noche de Brahma equivale, curiosamente, a la edad estimada del universo.

En varios mitos fundacionales el cosmos fue creado de la nada, como afirman las teorías más avanzadas.

En algunas religiones, el mundo está organizado por niveles, un número que se repite es el nueve, que en teoría de cuerdas es el número de las dimensiones espaciales.

Me consideraría profundamente afortunado de asistir ya no a una colisión sino a un consenso entre lo mágico y lo científico, porque no nos hagamos pendejos, ambos buscan lo mismo: la verdad.

Ya ha habido en la historia muestras de ello. Georges Lemaître fue un sacerdote católico y astrofísico que apoyó con fuerza la teoría del Big Bang puesto que él había desarrollado una hipótesis llamada el “Huevo Primitivo”, a la cual el mismo Einstein le hizo el fuchi por carecer de suficiente rigor científico, y vaya que Einstein era una persona cabal, en el plano intelectual y espiritual.

Hoy hablamos de agujeros negros, partículas virtuales y dimensiones extra como si cualquier cosa, la ciencia ha avanzado tanto y lo imposible se ha ido debilitando al mismo paso que un escepticismo cerrado y tajante, creo yo, es una regresión vergonzante. Una civilización madura ha de poder dialogar con su historia y su cultura y por tanto sus creencias más profundas.

Hoy, a diez milenios de la construcción de Göbekli Tepe, el presunto más antiguo santuario del que se tenga noticia, donde se erigió la que se piensa es la representación más antigua de un dios adorado de una manera organizada (religión). Deberíamos de tener la entereza suficiente de dialogar racionalmente con esa parte aún latente de nuestro espíritu mágico y místico, porque qué es eso sino la semilla de una curiosidad que nos llevó a preguntarnos por el Origen.

 

–        Hoy casi nadie rinde culto a Thor o a Zeus y nadie tuvo que demostrar que no existieron.

–        ¿Y tú puedes hacerlo?

–        Eso es lo que ustedes temen.

 

Este es un diálogo que sostiene un funcionario de la ONU con Karellen, el líder de los Superseñores, una raza extraterrestre que llega a la Tierra en la monumental novela de Arthur C. Clarke, El Fin de la Infancia.

Hay cosas que la ciencia no puede explicar y quizás nunca lo haga, pero tenemos mucho que pensar sobre el hecho de que material pseudocientífico esté hoy siendo estudiado seriamente, porque el hecho de que no lo veamos no significa que no existe. Si fuera al contrario no estaríamos aquí, porque la materia y la energía invisibles han forjado la estructura misma del espacio en que habitamos.

Lo esencial es invisible a los ojos (sí, de El Principito).

Todo como preámbulo para hablar de un amigo que se fue. Tuve la fortuna de conocerlo en la preparatoria. Coincidimos en una clase de inglés en la universidad y, cuando las clases y su monotonía me eran insoportables, me salía a caminar, de vez en cuando me lo topaba en los pasillos o jardines y platicábamos. Un tipo genial. Era una de las luces que hallaba yo de tanto en tanto en ese páramo que a veces se me hacía la universidad.

Michio Kaku ha dicho: en un universo infinito hasta lo más improbable pasará. Lo imposible no es locura, es cuestión de esperar.    

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Testamento

La política es para el momento. Una ecuación, para la eternidad

Einstein

Quizás alguien piense que tengo muy poca fe en la humanidad y tal vez tengan razón, un poco. Sin embargo yo pienso que denunciar nuestra eminente pendejez es fundamental para ir mejorando paso por paso.

No tengo mucha idea sobre qué hablar, es lo cierto, así que iré escribiendo y a ver qué termina siendo. Ya un programa de televisión que me acompaña a diario y me hace las mañanas me da una pauta certera de qué debe aparecer hoy mientras tecleo.

El programa en cuestión es MythBusters, Cazadores de Mitos, y debo confesarme devoto. Allí, hace unos instantes, un experimento que involucraba una barrera de cinta industrial y un auto a control remoto alineado con una polea y un cable salió terriblemente mal. A lo que Grant Imahara decía: en este programa el fracaso siempre es una opción.

Bien, pues tiene mucha razón y no sólo en el programa.

Ya alguna vez comenté que creo que hacer las cosas mal, pese a hacerlo como si por ello nos pagaran, más que un problema es una oportunidad.

Así ha sido durante mucho tiempo pero hoy me detendré en otro de mis fetiches: la física.

Albert Einstein publicó a principios del siglo XX una teoría y su actualización, diez años después, que por decir lo menos vino a cambiar nuestra percepción de la realidad, así de cabrón fue.

Entre todo eso yace la, quizás, más famosa ecuación de la historia: E= mc2

¿Qué significa?

Para empezar es la razón por la cual las estrellas brillan. Es la razón por la cual estamos aquí, de hecho, es la razón por la cual todo está aquí. Lo que significa es que la energía (E) es equivalente a la masa (m) por la velocidad de la luz al cuadrado ( c2), el resultado: un chingo.

Es por ello que el sol puede generar por segundo mucha más energía que la que la humanidad ha consumido, convierte átomos de hidrógeno en helio por medio de la fusión, liberando toda la energía que vemos como luz, sentimos como calor y también de la que intentamos resguardarnos, la radiación UV.

En última instancia esa ecuación explica cómo el Big Bang se convirtió de pura energía a clusters de materia que eventualmente formaron estrellas y galaxias, además, también nos dice cómo es que en los núcleos estelares se forman los elementos pesados como oxígeno, carbono, nitrógeno, etcétera, los elementos que nos forman, en otra palabras, que somos hijos de las estrellas.

Pero, por el lado oscuro de la historia, esa ecuación dio la pauta para la construcción de la bomba atómica, no hará falta recordar las dos ciudades devastadas en Japón al final de la segunda gran guerra.

Esa ecuación de tres letritas encierra en sí misma un conocimiento tan vasto, que por la estupidez inmensa que hemos demostrado, parecería que no merecemos.

No creo que haya mejor ejemplo para aquello de que con el poder viene la responsabilidad.

La misma ecuación que mató a cientos de miles podría salvar más vidas en el futuro, ya que si logramos entenderla a fondo, podríamos utilizarla para dominar la fusión, lo que daría energía renovable prácticamente infinita a nuestra civilización.

El problema, en aquél entonces como hoy, es algo tan humano como corruptible: la política.

El grado de especialización que ha alcanzado la humanidad es tal, dice Michio Kaku, que estamos por dar el gran paso de una civilización de tipo 0, a una de tipo 1, para el final de este incipiente siglo.

¿Qué es una civilización tipo 1?

Es una civilización caracterizada por utilizar energías limpias y renovables y tener presencia a todo lo largo del planeta madre.  Lo segundo ya lo cumplimos, pero seguimos quemando carbón y petróleo, en otras palabras: animales y plantas muertos, dicho de esa manera suena aún menos sofisticado, pero es la verdad y es lo que ha de cambiar, y de hecho lo está haciendo.

Otro punto central de una civilización avanzada es la obsolescencia de la violencia y la agresividad. Algunos futuristas auguran que, si nos sigue pareciendo que estamos solos en el universo, podría ser una clara señal de que casi ninguna raza logró sobrevivirse a sí misma. Perecieron matándose entre ellos.

¿Parecido?

Para construir una civilización planetaria, necesitamos dejarnos de pendejadas y vivir en paz.

No sé cuánto voy a vivir, pero me encantaría verlo. También quisiera vivir para presenciar un viaje en el tiempo, un contacto extraterrestre, vida en otros planetas, que alguna de las teorías de la unificación se compruebe o ya de perdida, que el hombre llegue a Marte.

Seguro moriré mucho antes, pero ojalá se logre.


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Mirada Demiurgo

Eres responsable para siempre de aquello que has domesticado

El Zorro, en El Principito

Advertencia

No tengo ni la menor idea de qué estoy haciendo, esto bien podría no tener ningún sentido.

Últimamente he creído que los humanos somos unos seres sumamente pendejos, le otorgamos mucho a varias cosas que, personalmente, no les veo sentido. Trabajamos cuarenta años para tener derecho a una pensión que nos sustente mientras nos hacemos más viejos, porque sólo podemos usarla una vez que somos viejos. No creo que sea sólo yo, a alguien más debe parecerle esto una estupidez. Sin embargo lo hacemos, algunos son afortunados de trabajar en algo que les gusta y pues bueno, eso aligera un poco las cosas.

No obstante olvidamos algo vital: la vida. Uno no se da el tiempo de esto o aquello, que sí quiere hacer, pero esto otro y aquello, y cuando hay tiempo no hay ganas y uno está muy cansado y todo se va lenta e inexorablemente a la chingada.

No abro por fetiche con la cita del Zorro aunque algo hay de eso. En este capítulo el Principito le pregunta al Zorro: “¿Qué es domesticar?” a lo que el animalito responde “Es algo ya olvidado, significa crear vínculos”.  Si uno crea un vínculo lo más lógico es mantenerlo sino vale madre. Así uno se hace al hábito de cuidar un jardín o mínimo una florecita, o de ensayar las piezas que ha sacado porque sí, porque si no se olvidan y yo sé lo frustrante y triste que es no poder continuar con una pieza cuando en la cabeza se tiene la melodía pero los dedos simplemente están perdidos y no recuerdan las siguientes posiciones, es una catástrofe.

Catástrofe es que todo se vaya al pito porque uno no le da su lugar a un vínculo. Piensen en una cuerda que le sale a uno del cuerpo y lo liga con un instrumento o una persona o una mascota o con una actividad (el trabajo no tiene por qué ser discriminado y aprovecho para decirlo). El mal de hoy es pensar que hay algo por encima del resto: ninguna cuerda es prescindible ¡Vean una guitarra, chingao! Funciona con más, pero nunca con una cuerda de menos.

Ahora vamos a otra cosa: decidir sobre los vínculos. Tomar una postura está cabrón, máxime si pensamos que uno debe hacerlo sabiendo que afectará invariablemente a cual quiera sea la contraparte y quizás a los terceros y aún más si pensamos que el cerebro ya está bastante ocupado manteniéndonos con vida y encima lo ponemos a trabajar con pendejadas. No sorprende que la caguemos como si por ello nos pagaran.

Pero vaya, cagarla es una parte fundamental de la existencia.

No importando la naturalidad intrínseca en hacer pendejadas uno invariablemente lo resiente. Y es que sí, uno por ejemplo va tocando algún preludio o yo que sé y fatalmente toca la nota equivocada, el resultado no es otro que el siguiente: todo suena a cagada.  Pero como siempre, uno sigue y en fin, puede ser que a la audiencia le guste y piense que así va, o que es la versión de uno y habrá alguno que le guste, siempre hay quien.

Pero los necios me entenderán, hay un consuelo oculto en la naturaleza. Personalmente recurro a él asiduamente para no sentirme tan mal: los universos paralelos.

Sí, no es broma, yo creo realmente en eso. Para explicarles el por qué tengo que decir una que otra mamada antes.

La teoría de la mecánica cuántica explica el comportamiento de las partículas elementales, y en esas escalas pasan cosas muy raras. Una de tantas excentricidades es que las partículas que fundamentan la realidad son, en parte, una bruma de probabilidades. Los electrones, por ejemplo, mientras no haya una medición de su ubicación exacta pueden estar localizados en todas partes al mismo tiempo.

Otra cosa que ya se sabe y que de hecho cualquiera podría estar familiarizado es que los electrones se ubican en órbitas alrededor del núcleo de un átomo. Lo que no muchos saben es que estas órbitas son inviolables, es decir, que cuando un electrón cambia de un nivel orbital a otro, no necesita viajar por el espacio que los separa, sólo desaparece de un lugar y aparece en otro.

La medición, para no desviarnos, colapsa la probabilidad en una sola posibilidad: la realidad. El acto de observar funda el cosmos, las cosas son lo que son porque las vemos o tocamos u oímos. En teoría, si no vemos algo, ese algo puede ser todo a la vez.

Esto lleva a pensamientos muy coquetos sobre qué chingados es la realidad. Ahora se va aceptando cada vez más que la realidad que vemos es sólo una versión de tantas que podrían pasar. Se cree que cuando uno realiza una acción el mundo y todo el universo se escinde y ambas cosas suceden pero cada una en su dimensión. La llaman la teoría de los universos múltiples.

Si no vemos los otros mundos paralelos es sólo porque siempre estamos midiendo y por consiguiente las probabilidades colapsan sólo en la que vemos. Pero las otras están ahí, en alguna parte.

Hay ya indicios consistentes de los mundos paralelos. Andrew Cleland es un científico de la Universidad de Berkeley que bien podría ser el primer humano en avistar una realidad distinta a la nuestra. Se le ocurrió que si la materia que vemos, incluidos nosotros, por supuesto, estamos hechos de las mismas partículas que describe la mecánica cuántica, deberíamos poder ver los efectos tan extraños de ésta incluso en el nivel macroscópico.

Para probarlo realizó un experimento, introdujo un transistor en una máquina que lo aislaba de toda medición, ni luz, ni sonido podía entrar en ella, además enfrió la máquina casi al cero absoluto (-273 C°) y luego se dedicó a esperar los resultados. Su experimento consistía en disparar un solo cuanto de energía al transistor, éste, a su vez, sólo podía tener dos estados posibles: 1. Recibir el cuanto de energía; 2. Dejarlo pasar. Lo que sucedió ni el mismo Cleland se lo esperaba, el transistor recibía la energía y la dejaba pasar, al mismo tiempo.

El experimento de Cleland demuestra que los objetos macroscópicos están sujetos a las mismas leyes de la mecánica cuántica, por lo que  versiones distintas de mi vida o la tuya o la de quien sea están allá en algún lugar del universo. En alguna de ellas, quizás yo sea feliz o tome decisiones más acertadas o quizás no dé la nota equivocada.

Pero no se piense en esto como un remedio contra tener que lidiar con las consecuencias de lo que hacemos o no, mi idea al mencionarlo es otra y, como siempre, he dejado lo más perturbador para el final: el biocentrismo.

Esta es una idea radicalísima de un sujeto llamado Robert Lanza. El biocentrismo consiste en llevar al límite algunos conceptos de la mecánica cuántica, muy especialmente, aquel que dice que el acto de observar colapsa la probabilidad y nos deja con una única realidad.

Lanza piensa que si esto es correcto y se aplica a todo el universo y no sólo al mundo subatómico significaría que la conciencia juega un papel fundamental en el desarrollo del universo: el mundo es producto de la mirada que escruta, todo empieza y termina en nosotros, cuando cerramos los ojos el espacio y el tiempo se disuelven y entramos en un terreno muy similar a los sueños. No se requiere ser muy estudiado en física para pensar que Lanza ha mamado mucho, pero ¿y si sí? Si como el piensa somos pura conciencia, nuestro deber para con la realidad sería enorme porque lejos de ser sus actores, seríamos sus demiurgos.


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Luz Negra, Física Poética

 

Uno más de mis fetiches es la física. Últimamente me ha sobrado el tiempo y he visto un chingo de documentales de este tema.

Algo que he pensado desde hace ya un muy buen tiempo es que la física comienza a parecerse un tanto a varios mitos. Poco a poco la ciencia se va reuniendo con la mística y la religión para darse cuenta de que no son más que dos caras de la misma moneda: las dos buscan darnos la misma respuesta.

Michio Kaku, un gran teórico en el campo de las Cuerdas, vino a reforzar mi idea en una serie de documentales maravillosos llamados Time. Una belleza. A lo largo de cuatro episodios Kaku explica la naturaleza del tiempo desde varias perspectivas: concretamente la humana-biológica, la geológica y la cósmica.

El tiempo es una cosa exótica porque no podemos verlo ni sentirlo, lo experimentamos sólo por sus efectos, pero no podemos decir que experimentamos el tiempo mismo.

Técnicamente el tiempo es una dimensión del espacio-tiempo, es una cuarta dirección en la que podemos movernos en relación a otros objetos y fenómenos en el universo. Pero sólo va hacia adelante, no obstante, la física no tiene problema alguno en que el tiempo vaya hacia atrás, las leyes funcionan como si qué cosa y parece que al mundo le vale un pito si el reloj gira a la derecha o en sentido inverso.

Esto ha detonado muchas especulaciones que podrían ser apiladas en una escala de lo excéntrico, porque así como simples divagaciones ya hay una contundente física del viaje en el tiempo matemáticamente posible, el problema recae en la ingeniería. Aún no tenemos los medios.

Esto como introducción para algo que sabrá el diablo dónde o cómo o si acaso terminará.

Bueno, uno de los efectos del tiempo es la evolución. Las cosas cambian, no por nada yo hoy soy mucho más que un par de células haploides, por fortuna o por desgracia.

Pero ¿el tiempo mismo cambia?

Sí, lo hace. Porque así cambia el espacio y, desde Einstein, son el mismo entramado.

El tiempo cosmológico se ha divido para su estudio en cinco grandes (vastísimas) eras. Sus números son tan grandes que es un despropósito escribirlos, hasta están en notación científica.

Estas cinco eras dividen a su vez el tiempo en relación con la duración de ciertos efectos visibles aunque no experimentables en el lapso de una vida humana, por el simple hecho de que vivimos una nada.

La Primera de las Eras es la Primordial. Consta del Big Bang, la inflación (esto es la expansión acelerada del universo) y la nucleosíntesis (la formación de los átomos como los conocemos). Sucedió hace mucho y culmina cuando el universo fue transparente por primera vez. ¿Transparente? Sí, transparente: la densidad de la materia en esta fase era tanta que la luz no podía viajar libremente, cuando los átomos se formaron, digamos que, en pocas palabras, dejaron huecos por los cuales la luz pudo viajar en el vacío.

La Segunda de las Eras es la Estelar. Vivimos en ella. Una chulada, hay estrellas, galaxias, planetas y vida. Las condiciones son las necesarias para que sea una chingonería. Durará bastante más, ya que su final se prevé cuando la materia ya no pueda formar nuevas estrellas y las existentes mueran como supernovas y agujeros negros o enanas blancas y marrones de poca energía.

La Tercera Edad es la Degenerativa. Esto quiere decir que al ya no formarse nuevos átomos los existentes comenzarán a decaer, se extinguirán, se descompondrán, se evaporarán. Todo al final será sólo un mundo de agujeros negros que consumirán toda la materia restante.

La Cuarta Edad es la Edad de los Agujeros Negros. No habrá otra cosa, sólo agujeros negros devorándose unos a otros pero incluso ellos no son eternos: los agujeros negros irradian fotones a intervalos regulares y constantes, eventualmente se evaporarán también al perder toda su masa de esta forma (lo que toma muchísimo tiempo).

Finalmente el universo llegará a la era Oscura. Sólo habrá fotones tan dispersos (puesto que el universo seguirá expandiéndose) que no radiarán luz. Sin embargo, son partículas de luz. Todo finalmente será luz.

Esto por supuesto, es una teoría, hay parámetros desconocidos aún que cambiarían las cosas, como la densidad total de la materia, que dependiendo de su valor hará que el universo se estabilice, se contraiga o se expanda. Nadie sabe realmente.

Como sea, no podemos dejar de lado las peculiaridades que se dan entre los mitos y la ciencia. La casi unánimemente aceptada teoría del Big Bang denota el nacimiento no sólo del cosmos sino del tiempo mismo, esto es: el tiempo es finito. Como en muchas religiones hubo un momento de creación.

Así mismo, el final es elocuente: acabará en un suspiro. Muy, muy lento y frío. En este sentido aunque finito hacia el pasado, el tiempo parece interminable hacia el futuro. Pero hay varias posturas al respecto.

Otra es la Cosmología Cíclica Conforme de Roger Penrose, que concibe a todo el espacio-tiempo como una estructura, digamos, reutilizable (esto lo digo yo). Al cabo de cada eón el universo vuelve a comprimirse por alguna cuestión gravitatoria cuántica (que por más que quise no pude entender) y rebota. Es decir, vuelve a expandirse. El resultado es que el universo siempre es uno, pero con muchas vidas o versiones, por decirlo de algún modo.

Esto parece un poco más apegado  a la cosmovisión de culturas de la India o prehispánicas, donde el tiempo es cíclico, la Tri Murti del hinduismo refleja esta noción. El Universo es creado, se mantiene y finalmente se destruye para recomenzar el ciclo. Los Soles de la cosmovisión mexica son análogos.

Pero finalmente la concepción cíclica, aunque finita en intervalos, denota cierta eternidad. Así, en el budismo y algunas otras cosmovisiones el universo no tiene tiempo.

Lo que sea o no cierto es una cuestión de fe, finalmente. Incluso la ciencia ha llegado a un punto crítico donde la posibilidad se ha de tomar como hecho. La incertidumbre es fundamento del Universo.

Rescatable es, y no gratuito, por supuesto, el coqueteo de la física con algo más parecido a la metafísica. Tampoco hemos de considerar sinsentido al bonito oxímoron del título: Luz Negra, finalmente, en la cinco eras del universo, esta curiosa paradoja es válida y cierta, de una u otra manera.

Creo que vivimos una etapa perfecta para conectar al fin cada relato de un principio y un final en una sola historia. El conocimiento es uno, Ciencia, Arte y Religión, son hermanas y son pródigas que ya se vienen encontrando, sus coincidencias son muy elocuentes. Todas buscan llegar al mismo sitio: comprendernos. Cada una a su manera, distintos caminos para una única física poética: ser uno con el Todo.


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Cinema Cerebral

 

How happy is the blameless vestal’s lot!

The world forgetting, by the world forgot.

Eternal sunshine of the spotless mind!

Each pray’r accepted, and each wish resign’d

Alexander Pope, Eloisa to Abelard

 

Entre tanta pinche nada que ahora es mi vida, enfermo y vaya a saber cuándo estaré mejor, he tenido mucho tiempo para darle vuelta a las cosas, analizarlas, estudiarlas y bueno, en pocas palabras, darles la importancia que tal vez no deberían.

Eterno Resplandor de una Mente Sin Recuerdos, es una película que en su momento vi una tras otra vez sin cansarme y hasta la fecha podría hacerlo. El guión es autoría de Charlie Kaufman y la realización corrió a cargo de Michel Gondry. Corría el año de 2004 y ganó un Oscar a mejor guión original, merecidísimo.

Como tantas otras veces seré breve y poco claro en la sinopsis, porque si no han visto esta película deben verla, vírgenes de toda expectativa.

La historia nos presenta a Joel Barish quien ha tenido problemas con su pareja Clementine, la cual ha decidido no sólo botarlo sino que lo ha borrado por completo de su mente y sus recuerdos mediante un tratamiento ideado por el Doctor Howard Mierzwiak. Hasta aquí los dejos porque el enredo consecuente es crucial para el desarrollo de la película.

Lo que quiero destacar de Eterno Resplandor es, quizás, una necedad mía. Producto, muy probablemente, de la incubación de una idea en mi cabeza y el tiempo libre que me he visto forzado a tomar.

La idea en cuestión es que la estructura narrativa de la película, su aparente caos diegético y los detalles finísimos que convierten en angustia pura las secuencias más emotivas son producto de un trabajo bien fundamentado y desarrollado por Kaufman y Gondry en cuanto a lenguaje cinematográfico se refiere.

Los que la han visto ya sabrán de lo que hablo, los que no, pues véanla.

La confusión clarísima a la que Joel se enfrenta durante el tratamiento de borrado de memoria se traduce de manera contundente al espectador, si este tiene la sensibilidad apropiada o simplemente le quiere encontrar tres pies al gato. El punto es que las imágenes oníricas de Joel discurren exacto como se sueña.

Los sueños no carecen de sentido, el caos aparente es fruto de un limitado entendimiento del mecanismo que los produce, por supuesto esto está lejos de todo control y quizás tantos que estudian la materia (y por supuesto yo que no tengo vela en el entierro) podrán estar equivocados. Pero a grosso modo el funcionamiento de los sueños se basa en dos principios: el metonímico y el metafórico. Es una substitución de sentidos mediante partículas lingüísticas específicas que pueden tener o no una relación clara con los elementos del sueño que se tenga. Me explico: si sueñas  que estás en el salón de clases de tu primaria y platicas con un niño que reconoces como un viejo compañero de estudios y te distraes e inmediatamente te encuentras en una plaza de toros ¿cuál podría ser la relación? El nombre de tu compañero, suponiendo que se apellidaba, digamos, Toro. Los sueños se estructuran mediante el lenguaje y es así como podemos desenmarañar un poco sus sentidos, claro que mucho queda oculto por el velo inconsciente de la mente de uno, o quizás uno simplemente no quiera averiguar más sobre lo que pueda significar tal o cual imagen, aun sabiendo la posible causa. Agradezco a un querido maestro mío por la cátedra iniciática al conocimiento de este mundo tan fantástico que es la mente.

Y continúo.

Este mecanismo es usado por Joel para ir saltando de recuerdo en recuerdo, salvando a Clementine del olvido, urdiendo falsos recuerdos, nuevos sueños, donde ella pueda permanecer latente para llamarlo a buscarla en Montauk, bellísimo argumento. Algo que no perderé la oportunidad de mencionar y que tal vez haya llegado a ello por tantas veces que la vi es que Joel y Clementine comparten cierta conciencia ¿de qué otro modo pueden coincidir en la cita?

La mente es una frontera enigmática regida por sabrá el diablo qué leyes, pero no es un desmadre. Hay orden allí, voluntad y conciencia son la clave para explotar algo más que el paupérrimo velo que con 400 millones de años de evolución apenas hemos rasgado.

Eterno Resplandor es así mismo un portento de sutilezas. Pese al enredo que puede parecer la historia, los indicios van llegando a su tiempo. Es una película que se construye en el cerebro. Es exigente con quien la ve y generosa con quien la entiende, porque la historia te sucede.


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Del Plano al Hiperespacio

 

El artista holandés Maurits Cornelis Escher, nacido en 1898, legó al mundo una basta e impresionante obra de formas imposibles y mundos matemáticos desconcertantes con su técnica tan depurada de grabado.

Fractales, teselados, perspectivas inauditas y un profundo entendimiento del espacio es lo que nos muestra Escher en su fantástica obra, llena de un orden casi místico, sobrenatural, que favorece una visión extendida del mundo y de la ventana que es el plano, el lienzo, la imagen bidimensional carente de volumen, sin más allá que la superficie del papel o la madera o la pared. Pero ahí está la conciencia, la mente y el guiño, donde tantos vieron una muerte, un punto final, Escher vio materia en otros mundos: Escher, es un poeta de los números, la geometría y lo visual.

Además del gran trabajo técnico no puedo dejar de mencionar una lucha notable: la tendencia al equilibrio, el juego de las formas y el color, los contrarios que resuelven siempre una unidad conceptual del cuadro que le otorga su profundidad y su belleza.

No menos elocuente resulta el hecho, tantas otras veces observado, de la puntual interpretación que el arte hace del mundo y de la ciencia, algunas ocasiones de maneras visionarias: el Espíritu siempre se adelanta.

Otro Mundo II

La obra de Escher puede dar pauta a una comprensión por la vía estética de las teorías que afirman una concatenación de dimensiones que suman complejidad a nuestro ya de por sí complejo Universo.

Particularmente quisiera mencionar algo que parecerá una hipérbole pero que la matemática astrofísica y cuántica respaldan con cierta veracidad. Stephen Hawking subrayó en su libro El Universo en una Cáscara de Nuez una de las ideas más trascendentales sobre los agujeros negros. Lo trascendente de esto radica en la implicación que tendría en nuestra concepción del universo y de nosotros mismos como parte de éste.

Los agujeros negros se encuentran catalogados como singularidades espaciotemporales. Michio Kaku, físico, futurólogo, entre otras cosas, alguna vez comentó que esta palabra, singularidad, es una manera elegante que los físicos tienen para decir que no saben nada. La singularidad es un punto en el cuál una teoría deja de ser válida. La razón por la cual sucede esto puede ser desde que la teoría está incompleta en su estructura hasta que el fenómeno singular se rige por leyes superiores que ni siquiera hemos notado que existen y por nuestra incompetencia las calificamos como caos.

Volviendo al libro de Hawking, los agujeros negros han sido estudiados por la holografía, una rama de la física que, como su nombre lo indica, tiene que ver con los hologramas. Los hologramas, los que compran los niños, los que están en las tarjetas de crédito, sean los que sean, funcionan con el principio de reunir dos imágenes bidimensionales para formar una ilusoria imagen tridimensional. Ahora, ¿por qué son estudiados de esta forma los agujeros negros? La explicación es enorme, pero en resumidas cuentas los agujeros negros son superficies límite del espaciotiempo que, al devorar materia y extraviarla en sabrá el diablo dónde (una violación a la ley de conservación, uno de los pilares de la física, lo cual la derribaría), la transportan a:  1) otro lugar del cosmos expulsándolo a través de un (aún) hipotético agujero blanco; 2) lo transportan a otro (aún) hipotético universo, fungiendo como un Big Bang para esta ramificación de nuestro espaciotiempo; 3) lo transportan a otra (aún) hipotética dimensión. Lo que sea que le ocurra a la materia no es del todo imposible, la matemática lo permite.  Pero volviendo al agujero negro, Hawking cree que esta materia no puede desaparecer del todo de nuestro universo, queda un rastro de información de este lado del agujero, de hecho, sobre la superficie del agujero. Es Aquí donde entra la holografía, supuestamente esta información codificada en la superficie de la singularidad es suficiente para poder reconstituir la materia extraviada, con lo que la ley de la conservación no es violada, así, los agujeros negros son hologramas. En superficies planas se codifican imágenes superdimensionales, Escher nos muestra lo mismo en sus grabados. Es un chingón.

Pero vamos un poco más allá. Otro de los eternos debates sobre el universo, la vida y todo lo demás radica en la forma del universo: ¿plano, hiperboloide, esférico? Para lo que me interesa, que es perturbar, digamos que es esférico. De hecho Hawking en el libro ya citado cree bastante en esto.

Me ahorraré mayores detalles recomendándoles el libro.

Siendo esférico y suponiendo que vivimos en la superficie (imagen análoga a la superficie de nuestro planeta) cabe la pregunta de ¿qué hay adentro? La hipótesis resuelve esto sugiriendo que, como en los agujeros negros, nosotros somos información en la superficie de la tela del espaciotiempo, vulgares sombras de tres dimensiones de una existencia pentadimensional, o superior, en el interior del Universo.

Mejor seguir preocupándonos por tener limpio el auto.


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La vergüenza salvará a la humanidad

Solaris

Dirigida por Andrei Tarkovsky

1972

Basada en el libro homónimo de Stanislaw Lem

 

Este pasado 5 de septiembre se cumplieron 35 años del lanzamiento de la sonda espacial Voyager 1,  que, junto a su gemela, han proporcionado un gran impulso al conocimiento de nuestro sistema solar. Estas sondas se han convertido en las más longevas, y gracias a su combustible de isótopos, continuarán funcionando hasta alrededor de 2025. De no suceder nada grave, seguirán enviándonos señales e información de lo que vean en el espacio.

La gran noticia es que estas naves están a punto de cruzar la frontera de la influencia magnética de nuestro Sol y adentrarse de lleno en el espacio interestelar, nunca antes una nave humana había llegado tan lejos. Otra hecho destacable es que ambas naves portan discos de oro que llevan codificada una gran cantidad de información: la quinta sinfonía de Beethoven, varias obras de J.S. Bach, canciones de Louis Armstrong, música folklórica, tradicional y popular de gran parte del mundo, incluido México. Además de sonidos naturales como volcanes, tormentas y el océano; y una gran lista de saludos en multitud de idiomas. También llevan material gráfico, imágenes de paisajes, retratos, fauna, botánica, sólo por mencionar algunas. Llevan inscrito en la carátula y en código binario la manera en que debe decodificarse el disco, entre otros datos y, lo más destacable quizás: un diagrama de la posición de la Tierra respecto de catorce púlsares (una especie de estrella oscilante). Y bueno, ¿para qué?

Carl Sagan, astrónomo y divulgador científico, presidió el comité que codificó los discos. Por supuesto, Carl Sagan creía firmemente en la posibilidad de la vida inteligente fuera de la Tierra pero también estaba consciente de la gran imposibilidad que era encontrarnos realmente con ella. El disco, de esta manera, es realmente un mensaje en una botella, flotando a la deriva, rescatando un poco de nuestra producción cultural y artística, así como vistas de nuestro bello planeta. La finalidad era preservar para la posteridad un vestigio de quiénes fuimos y de dónde estuvimos, porque siendo humildes, toda especie tiene su tiempo.

Pero, ¿realmente habrá vida allá afuera? La probabilística casi lo afirma. Actualmente ningún científico que se respete diría que sí rotundamente, pero tampoco lo negaría tajantemente. La ecuación de Drake calcula, con muchos factores, las posibles civilizaciones que, con nuestros estándares, podríamos calificar de avanzadas. El número es modesto, pero ¡vaya!, la idea es asombrosa.

Solaris narra la historia de tres astronautas instalados en un planeta-océano bautizado con el nombre de Solaris. Poco a poco, comienzan a recibir extrañas visitas. Sus mentes materializan sus recuerdos y hacen vívidas las emociones que otrora sintieron por algunas personas, las cuales incluso, vuelven a la vida. Es Solaris, el mar-planeta, un ser pensante, el culpable de los visitantes.

Solaris plantea una cuestión sumamente inquietante: de hacer contacto, ¿qué puede asegurarnos que lo hemos hecho o que lo entenderemos? Puede que la inteligencia venga en figuras varias. Incluso en nuestro planeta, tenemos el egocentrismo de hacer menos a otras especies por que, aparentemente, no presentan este rasgo.

Pero vamos más al fondo, Solaris nos habla de un grave problema: la incomunicación. Estando tan cerca, el contacto es imposible por una ineptitud tan de nosotros de no escuchar al otro, a lo otro. Esta soledad autoimpuesta nos corrompe, ¿no se ha dicho que el hombre es un ser social? El desarrollo de la historia nos sentencia de esta forma: La vergüenza salvará a la humanidad.

Solaris es una impresionante película porque no habla sólo de un viaje espacial. Habla de un viaje personal, espiritual, de encontrarnos primero respecto a otro, respecto al Otro, y entendernos como especie y como parte constitutiva de un gran Todo. Sólo así, en una real comunidad, podremos solventar los problemas y cuestionamientos más fundamentales. Carl Sagan, de nuevo, opinaba que somos nosotros el intento del Cosmos de entenderse a sí mismo. Démonos una oportunidad de descubrir las raíces profundas del Origen, sobreviviendo a nosotros mismos. Escuchémonos, es gratis. No dejemos que si un día una civilización extraterrestre encuentra a las Voyager y viene a visitarnos, encuentre sólo un gran desierto muerto y el eco de El clave bien temperado.