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Hay mucho de qué hablar


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A pesar de todo, un don

Quizás debo a las flores haberme convertido en pintor

Claude Monet

Hará unos meses comencé a fijarme mucho en las plantas, empecé a notar sus patrones, en los tallos, en sus hojas, en sus flores y luego leí un libro muy chingón de geometría sagrada y total que fui dando cada vez con cosas más exóticas.

Luego, sin ninguna razón, comencé a tomar fotos de cosas que me iba topando en la calle o de flores que no había notado antes que estaban en mi casa o cerca de ella. El único criterio para detenerme y fotografiar era que sea lo que fuera lo que hubiera delante de mí, me llamara la atención y que me pareciera bello.

Algunas fotos las guardaba, otras las enviaba a una chica que pues, sí, me gusta y así y realmente no había más razón para mi creciente colección de fotos.

Fue un día que estaba yo con un amigo y tocaba (mal) el órgano eléctrico que tiene a medio funcionar en su sala cuando vi en una repisa un caracol que ahora mismo les muestro.

Caracol

Por instinto, casi, le tomé una foto y luego hice el comentario “creo que los humanos somos los únicos seres capaces de hacer las cosas mal”.

Luego me reí y tras pocos días empecé a creer que sería un buen motivo para hablar, más bien escribir.

Así que mi búsqueda de la belleza ganó más fuerza para evidenciar nuestra incompetencia. Habrá unas cuantas personas que merecen mi respeto y aplauso y que sí: hacen pura chingonería, iluminados, pero el grueso de nosotros somos toscos y, para qué andar negándolo, brutos, silvestres y rupestres.

Si tenemos suerte la belleza tendrá un efecto similar a las ratas del cuento de El Flautista de Hamelin, si no, que la Fuerza nos acompañe.

No me meteré en ningún pedo diciendo qué es bello y qué no, eso se lo tendrá que explicar cada quien, lo que sí es que es casi seguro que debajo de cada definición yacerá un principio fundamental armónico, es decir, matemático. Las matemáticas se han devaluado mucho con los años porque a los niños, y claro que a quienes ya pasamos por la primaria, nos enseñaron que las matemáticas son las tablas de multiplicar y la chingada.

Qué distinto hubiera sido y qué distinto sería si nos hubieran dicho la verdad: que las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza, del universo, de la vida y todo lo demás.

La matemática sostiene las construcciones humanas: un edificio o una sonata, al final no hay mucha distancia.

Aquí les muestro, para fines didácticos, una pintura que yo hice; debo confesarles que me gusta, pues es mía y trabajé en ella, pero por supuesto, es una basura.

Pintura

No hay mayor composición que la intuitiva (en mi caso escasa puesto que las matemáticas no se me dan naturalmente), la perspectiva es un mierda (los cubistas la desacralizaron pero yo no soy cubista, sólo un mal dibujante) y bueno, el trabajo de sombras es muy deficiente, no se digan los colores (quizás solo el verde lechoso se salve y sólo porque es muy difícil dar con él, pero en mi caso fue fortuito).

Así que ya ven, dos ejemplos, y la naturaleza gana rotundamente: el molusco o crustáceo que hizo el caracol no tuvo que estudiar para hacer esa magnífica espiral, yo pasé 21 años metido en salones.

No todo es tan malo como puede que parezca. En el universo creado por J.R.R.Tolkien, Eru Ilúvatar, la deidad superior que crea todo, crea a los hombres libres, capaces de forjar su propio destino. Bueno, quizás equivocarse y hacer pendejadas sea el precio a pagar.

Por otro lado menos rudo, cagarla enseña y por otro, devela. Uno va dándose cuenta de qué quiere conociendo, por las malas, lo que no desea. Pero son cosas que pasan.

En cuanto a hacer las cosas mal yo tengo mis posturas. Hace no mucho leí un artículo sobre lo que algunos genetistas han llamado la “desextinción”. Esto es, revivir especies extintas de las cuales se conserva material celular suficiente para recrear su genoma. Una parte de mí dice: para qué chingados, se van a volver a morir; por otro digo, qué chingón.

Le hemos quitado no sólo la vida a unos cuántos individuos, sino la existencia a especies completas por nuestra facilidad de irla cagando hasta tocar el fondo más oscuro de la pendejez, así que para mí, desextinguir una especie que desapareció por nuestra causa (que hay muchas) no sería malo sino justo.

Algunos dirán que se juega a ser dios, yo digo que enmendar un error es más bien aceptar que la zurramos en grande (y creo que decidir sobre el destino final de otro califica más como jugar a ser dios).

Que en el proceso habrá animalitos con dos cabezas o sin estómagos o sabrá el diablo qué malformación, no sabemos, y eso es motivo suficiente para intentarlo.

Cagándola nos daremos cuenta de cuál es el camino correcto, y eso ya no sólo en cuanto a clonación.

La vida es como un pizarrón: dibujas chingaderas, las borras y cuando haz terminado algo que sí te gusta debajo estará la mancha de tiza para recordarte que tu dibujito tuvo que esperar varios abortos previos para ver la luz, después un pinche trapo mojado lo limpiará todo y se acabó.

Ya vendrán más niños para seguir manchando el pizarrón.

Un rinoceronte, por un muy buen amigo: hay cosas que no necesitan ser bonitas para ser bellas

Un rinoceronte, por un muy buen amigo: hay cosas que no necesitan ser bonitas para ser bellas


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Luz Negra, Física Poética

 

Uno más de mis fetiches es la física. Últimamente me ha sobrado el tiempo y he visto un chingo de documentales de este tema.

Algo que he pensado desde hace ya un muy buen tiempo es que la física comienza a parecerse un tanto a varios mitos. Poco a poco la ciencia se va reuniendo con la mística y la religión para darse cuenta de que no son más que dos caras de la misma moneda: las dos buscan darnos la misma respuesta.

Michio Kaku, un gran teórico en el campo de las Cuerdas, vino a reforzar mi idea en una serie de documentales maravillosos llamados Time. Una belleza. A lo largo de cuatro episodios Kaku explica la naturaleza del tiempo desde varias perspectivas: concretamente la humana-biológica, la geológica y la cósmica.

El tiempo es una cosa exótica porque no podemos verlo ni sentirlo, lo experimentamos sólo por sus efectos, pero no podemos decir que experimentamos el tiempo mismo.

Técnicamente el tiempo es una dimensión del espacio-tiempo, es una cuarta dirección en la que podemos movernos en relación a otros objetos y fenómenos en el universo. Pero sólo va hacia adelante, no obstante, la física no tiene problema alguno en que el tiempo vaya hacia atrás, las leyes funcionan como si qué cosa y parece que al mundo le vale un pito si el reloj gira a la derecha o en sentido inverso.

Esto ha detonado muchas especulaciones que podrían ser apiladas en una escala de lo excéntrico, porque así como simples divagaciones ya hay una contundente física del viaje en el tiempo matemáticamente posible, el problema recae en la ingeniería. Aún no tenemos los medios.

Esto como introducción para algo que sabrá el diablo dónde o cómo o si acaso terminará.

Bueno, uno de los efectos del tiempo es la evolución. Las cosas cambian, no por nada yo hoy soy mucho más que un par de células haploides, por fortuna o por desgracia.

Pero ¿el tiempo mismo cambia?

Sí, lo hace. Porque así cambia el espacio y, desde Einstein, son el mismo entramado.

El tiempo cosmológico se ha divido para su estudio en cinco grandes (vastísimas) eras. Sus números son tan grandes que es un despropósito escribirlos, hasta están en notación científica.

Estas cinco eras dividen a su vez el tiempo en relación con la duración de ciertos efectos visibles aunque no experimentables en el lapso de una vida humana, por el simple hecho de que vivimos una nada.

La Primera de las Eras es la Primordial. Consta del Big Bang, la inflación (esto es la expansión acelerada del universo) y la nucleosíntesis (la formación de los átomos como los conocemos). Sucedió hace mucho y culmina cuando el universo fue transparente por primera vez. ¿Transparente? Sí, transparente: la densidad de la materia en esta fase era tanta que la luz no podía viajar libremente, cuando los átomos se formaron, digamos que, en pocas palabras, dejaron huecos por los cuales la luz pudo viajar en el vacío.

La Segunda de las Eras es la Estelar. Vivimos en ella. Una chulada, hay estrellas, galaxias, planetas y vida. Las condiciones son las necesarias para que sea una chingonería. Durará bastante más, ya que su final se prevé cuando la materia ya no pueda formar nuevas estrellas y las existentes mueran como supernovas y agujeros negros o enanas blancas y marrones de poca energía.

La Tercera Edad es la Degenerativa. Esto quiere decir que al ya no formarse nuevos átomos los existentes comenzarán a decaer, se extinguirán, se descompondrán, se evaporarán. Todo al final será sólo un mundo de agujeros negros que consumirán toda la materia restante.

La Cuarta Edad es la Edad de los Agujeros Negros. No habrá otra cosa, sólo agujeros negros devorándose unos a otros pero incluso ellos no son eternos: los agujeros negros irradian fotones a intervalos regulares y constantes, eventualmente se evaporarán también al perder toda su masa de esta forma (lo que toma muchísimo tiempo).

Finalmente el universo llegará a la era Oscura. Sólo habrá fotones tan dispersos (puesto que el universo seguirá expandiéndose) que no radiarán luz. Sin embargo, son partículas de luz. Todo finalmente será luz.

Esto por supuesto, es una teoría, hay parámetros desconocidos aún que cambiarían las cosas, como la densidad total de la materia, que dependiendo de su valor hará que el universo se estabilice, se contraiga o se expanda. Nadie sabe realmente.

Como sea, no podemos dejar de lado las peculiaridades que se dan entre los mitos y la ciencia. La casi unánimemente aceptada teoría del Big Bang denota el nacimiento no sólo del cosmos sino del tiempo mismo, esto es: el tiempo es finito. Como en muchas religiones hubo un momento de creación.

Así mismo, el final es elocuente: acabará en un suspiro. Muy, muy lento y frío. En este sentido aunque finito hacia el pasado, el tiempo parece interminable hacia el futuro. Pero hay varias posturas al respecto.

Otra es la Cosmología Cíclica Conforme de Roger Penrose, que concibe a todo el espacio-tiempo como una estructura, digamos, reutilizable (esto lo digo yo). Al cabo de cada eón el universo vuelve a comprimirse por alguna cuestión gravitatoria cuántica (que por más que quise no pude entender) y rebota. Es decir, vuelve a expandirse. El resultado es que el universo siempre es uno, pero con muchas vidas o versiones, por decirlo de algún modo.

Esto parece un poco más apegado  a la cosmovisión de culturas de la India o prehispánicas, donde el tiempo es cíclico, la Tri Murti del hinduismo refleja esta noción. El Universo es creado, se mantiene y finalmente se destruye para recomenzar el ciclo. Los Soles de la cosmovisión mexica son análogos.

Pero finalmente la concepción cíclica, aunque finita en intervalos, denota cierta eternidad. Así, en el budismo y algunas otras cosmovisiones el universo no tiene tiempo.

Lo que sea o no cierto es una cuestión de fe, finalmente. Incluso la ciencia ha llegado a un punto crítico donde la posibilidad se ha de tomar como hecho. La incertidumbre es fundamento del Universo.

Rescatable es, y no gratuito, por supuesto, el coqueteo de la física con algo más parecido a la metafísica. Tampoco hemos de considerar sinsentido al bonito oxímoron del título: Luz Negra, finalmente, en la cinco eras del universo, esta curiosa paradoja es válida y cierta, de una u otra manera.

Creo que vivimos una etapa perfecta para conectar al fin cada relato de un principio y un final en una sola historia. El conocimiento es uno, Ciencia, Arte y Religión, son hermanas y son pródigas que ya se vienen encontrando, sus coincidencias son muy elocuentes. Todas buscan llegar al mismo sitio: comprendernos. Cada una a su manera, distintos caminos para una única física poética: ser uno con el Todo.


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Del Plano al Hiperespacio

 

El artista holandés Maurits Cornelis Escher, nacido en 1898, legó al mundo una basta e impresionante obra de formas imposibles y mundos matemáticos desconcertantes con su técnica tan depurada de grabado.

Fractales, teselados, perspectivas inauditas y un profundo entendimiento del espacio es lo que nos muestra Escher en su fantástica obra, llena de un orden casi místico, sobrenatural, que favorece una visión extendida del mundo y de la ventana que es el plano, el lienzo, la imagen bidimensional carente de volumen, sin más allá que la superficie del papel o la madera o la pared. Pero ahí está la conciencia, la mente y el guiño, donde tantos vieron una muerte, un punto final, Escher vio materia en otros mundos: Escher, es un poeta de los números, la geometría y lo visual.

Además del gran trabajo técnico no puedo dejar de mencionar una lucha notable: la tendencia al equilibrio, el juego de las formas y el color, los contrarios que resuelven siempre una unidad conceptual del cuadro que le otorga su profundidad y su belleza.

No menos elocuente resulta el hecho, tantas otras veces observado, de la puntual interpretación que el arte hace del mundo y de la ciencia, algunas ocasiones de maneras visionarias: el Espíritu siempre se adelanta.

Otro Mundo II

La obra de Escher puede dar pauta a una comprensión por la vía estética de las teorías que afirman una concatenación de dimensiones que suman complejidad a nuestro ya de por sí complejo Universo.

Particularmente quisiera mencionar algo que parecerá una hipérbole pero que la matemática astrofísica y cuántica respaldan con cierta veracidad. Stephen Hawking subrayó en su libro El Universo en una Cáscara de Nuez una de las ideas más trascendentales sobre los agujeros negros. Lo trascendente de esto radica en la implicación que tendría en nuestra concepción del universo y de nosotros mismos como parte de éste.

Los agujeros negros se encuentran catalogados como singularidades espaciotemporales. Michio Kaku, físico, futurólogo, entre otras cosas, alguna vez comentó que esta palabra, singularidad, es una manera elegante que los físicos tienen para decir que no saben nada. La singularidad es un punto en el cuál una teoría deja de ser válida. La razón por la cual sucede esto puede ser desde que la teoría está incompleta en su estructura hasta que el fenómeno singular se rige por leyes superiores que ni siquiera hemos notado que existen y por nuestra incompetencia las calificamos como caos.

Volviendo al libro de Hawking, los agujeros negros han sido estudiados por la holografía, una rama de la física que, como su nombre lo indica, tiene que ver con los hologramas. Los hologramas, los que compran los niños, los que están en las tarjetas de crédito, sean los que sean, funcionan con el principio de reunir dos imágenes bidimensionales para formar una ilusoria imagen tridimensional. Ahora, ¿por qué son estudiados de esta forma los agujeros negros? La explicación es enorme, pero en resumidas cuentas los agujeros negros son superficies límite del espaciotiempo que, al devorar materia y extraviarla en sabrá el diablo dónde (una violación a la ley de conservación, uno de los pilares de la física, lo cual la derribaría), la transportan a:  1) otro lugar del cosmos expulsándolo a través de un (aún) hipotético agujero blanco; 2) lo transportan a otro (aún) hipotético universo, fungiendo como un Big Bang para esta ramificación de nuestro espaciotiempo; 3) lo transportan a otra (aún) hipotética dimensión. Lo que sea que le ocurra a la materia no es del todo imposible, la matemática lo permite.  Pero volviendo al agujero negro, Hawking cree que esta materia no puede desaparecer del todo de nuestro universo, queda un rastro de información de este lado del agujero, de hecho, sobre la superficie del agujero. Es Aquí donde entra la holografía, supuestamente esta información codificada en la superficie de la singularidad es suficiente para poder reconstituir la materia extraviada, con lo que la ley de la conservación no es violada, así, los agujeros negros son hologramas. En superficies planas se codifican imágenes superdimensionales, Escher nos muestra lo mismo en sus grabados. Es un chingón.

Pero vamos un poco más allá. Otro de los eternos debates sobre el universo, la vida y todo lo demás radica en la forma del universo: ¿plano, hiperboloide, esférico? Para lo que me interesa, que es perturbar, digamos que es esférico. De hecho Hawking en el libro ya citado cree bastante en esto.

Me ahorraré mayores detalles recomendándoles el libro.

Siendo esférico y suponiendo que vivimos en la superficie (imagen análoga a la superficie de nuestro planeta) cabe la pregunta de ¿qué hay adentro? La hipótesis resuelve esto sugiriendo que, como en los agujeros negros, nosotros somos información en la superficie de la tela del espaciotiempo, vulgares sombras de tres dimensiones de una existencia pentadimensional, o superior, en el interior del Universo.

Mejor seguir preocupándonos por tener limpio el auto.


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Error de Culto

Un accidente está en el origen de toda tentativa de evolución  – Gaston Bachelard, La Intuición del Instante

 

Cecilia Giménez, quien saltó a la fama hace poco tiempo debido a su polémica intervención sobre el original de Elías García Martínez, Ecce Homo, ha sido homenajeada por colectivos artísticos que opinan que su error no fue tal, sino el alumbramiento de un ícono pop.  A continuación la imagen y un comentario: ¿en qué punto se dio cuenta de que algo no cuadraba bien? Y, ¿por qué no se detuvo?

La obra original y su restauración

No pretendo encontrar respuesta a estas preguntas, sólo fueron las primeras palabras que brotaron de mi mente cuando vi en el periódico la imagen, acto seguido, encendí la computadora y busqué lo que mi alma tanto ansiaba: una segunda opinión.

No encontré una, sino muchas.

Ante mí desfilaban, imagen tras imagen, un bestiario muy curioso. La gran capacidad de alcance de la red golpeó con todo su potencial a la pequeña población de Borja, Zaragoza. La imagen del aparentemente garrafal error produjo no sólo un afluente de atención mediática a la población española y los protagonistas de la anécdota sino que estimuló sinceramente la curiosidad, la creatividad y el sentido del humor de la comunidad web.

Algunas imágenes del evento de Wallpeople

Wallpeople, colectivo de intervención artístico en espacios urbanos, invitó al público a compartir sus reproducciones del nuevo Ecce Homo de Borja, y he aquí la maravilla: la intervención de Giménez es ahora la obra misma.

¿Quién dice qué es arte y qué no? La historia y la audiencia. Marcel Duchamp, para muchos el padre del arte conceptual con su pieza Fountain, decía que “no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”. El nuevo Ecce Homo de Borja se ha legitimado por esta vía en ícono pop de nuestros días. Para muestra, la cantidad creciente de votos en la fundación change.org pidiendo que la restauración permanezca intacta pese a los deseos del párroco y de la comunidad de Borja de restaurarla a su estado original y la aún más impresionante variedad de reinterpretaciones de la obra a la manera de grandes de la pintura: Da Vinci, Klimt, Warhol; que si bien pueden ser una mofa, no hay que dejar pasar de largo el hecho, incuestionable, de la explosión creativa que resulta de reinterpretar el hecho.

Mona Lisa, Da Vinci

El beso, Klimt

Marilyn Monroe, Warhol

Figuras como el cineasta Alex de la Iglesia ha comentado en sus redes sociales que la obra de Giménez, así como el revuelo que causó, son un reflejo exacto de nuestra manera de ver el mundo en estos días.

La Creación del Hombre, Miguel Ángel

Yo no sé si es arte, pero cómo me dio risa, y creo sinceramente que el humor es un importante indicador de la bondad de las cosas. Y suceda lo que suceda con el cuadro, el fenómeno a su alrededor no puede ser visto como un simple chiste multitudinario: hay algo en él de cómo creamos hoy nuestros símbolos y avanza una cultura que cada día se acerca más a ser global.

Bob Ross pintando el Ecce Homo