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Hay mucho de qué hablar

Alex DeLarge y El gran error del Descuido

1 comentario

–        Es el problema de la sociedad

–        ¿Que no hay trabajo ético?

–        No, que no hay juego ético

Arnold y su abuelo, Hey Arnold!

Fue una actualización en Facebook [sí, yo pierdo mucho el tiempo allí] la que me involucró en una curiosa conversación que debió ser interrumpida por una necesidad casi patológica de darme un baño, que a su vez fue interrumpida por verme arrastrado a una velada a la que realmente no quería ir, lo que esta vez me dejó pensando seriamente en la nada sutil diferencia entre Ética (con mayúscula, como ha de ser) y moral, pero que por un descuido de las palabras y sus significados fundamentales  hemos llegado a tomar una por otra, lo que me parece aberrante.

No sé por dónde empezar, así que lo haré por el libro y la película, Naranja Mecánica, y ya veremos cómo va la cosa para entrar realmente al tema.

A Clockwork Orange es una novela de Anthony Burgess de 1962, que fue adaptada de una manera brillante por Stanley Kubrick unos años después.  Seguro pocos no la han visto, de manera que seré breve en la descripción.

Alex DeLarge es un joven algo violento y descarriado en un Londres futurista aunque no mucho (1995) que gusta de beber leche con drogas que ya se han convertido en parte de mi jerga geek y que menciono rápidamente:  vellocet, drencrom y synthemesc, en el Korova Milk Bar. Bueno, la historia comienza allí, donde los drugos recargan energía con unos sorbos y se van a una noche loca como tantas otras, en estas salidas es donde incluyen en el itinerario una pelea con otra pandilla, el robo de un auto, el allanamiento de dos casas y un asesinato.  Alex es capturado y puesto a disposición de las autoridades, para luego ser seleccionado como sujeto experimental para el tratamiento Ludovico,  que consiste en ver imágenes violentas con la 9° de Beethoven sonando a todo lo que da para condicionar la conducta a no ser violenta, es decir, normal, pinche palabra.

Como otras veces, no daré más detalles de la historia y sólo los invito a verla o leerla, que ambas tienen lo suyo.

Detalle importante es que el libro, originalmente de 21 capítulos, fue publicado en Estados Unidos sin el último de éstos, lo que fue un gran, gran atino por parte de los editores (digo yo), ya que este capítulo resulta un tanto moralista. Léanlo, y hagan ustedes su balance que el mío no tiene por qué gustarles.  Pero lo importante de esto es que Kubrik realizó la adaptación desde esta versión incompleta ¿importante por qué? Porque creo yo que le da la fuerza simbólica justa para entrever el resbaloso asunto de la libertad y la moral y la Ética (otra vez, con mayúscula).

Ahora van las palabras:

Moral viene del latín y el original griego y su raíz es costumbre. Es un conjunto de normas que regulan la conducta en sociedad.

Ética, por su parte, viene del griego y su raíz es carácter. No es un conjunto de normas, es una rama filosófica que estudia esas normas. La Ética analiza la moral, sus fundamentos y su finalidad; y por lo tanto, debiera ser la plataforma desde la cual pensar la moralidad y no al revés, porque si no viene un desmadre y… sólo vean detenidamente a su alrededor.

Descuidar la correcta instrucción ética nos ha metido en un gran problema. Somos bilaterales y ya. Los juicios morales han caído en un absolutismo dicotómico absurdo del bien y el mal. Recordemos la raíz, moral es costumbre, y no hace falta ser un erudito para notar que las costumbres son vastísimas en número y de un carácter principalmente atómico, es decir, muy particular. Los entramados culturales de los cuales brotan las normas que rigen tal o cual sociedad son determinadas por la Historia y su devenir, redundando un poco: por la cultura y la sociedad, se legitiman en el tiempo, pero el tiempo transcurre y se diluye, la gente cambia, así también la cultura y por supuesto, también los juicios. Habrá que hacer un paréntesis aquí para tener en cuenta cierta noción de costumbre un tanto más apegado a lo ritual que no cambia, pero que cumple con una función de arraigamiento a lo simbólico del lugar o del fenómeno ritualista, que nos otorga otra característica temporal: la continuidad, y por eso podemos saber quiénes somos, por la historia.

La Ética, ahora,  debe juzgar la solidez y validez de la escala de valores teniendo en cuenta todo lo anterior, pero abarcando no sólo la partícula, sino todo el universo. Por eso podemos decir que a la Ética, bien y mal, le vienen valiendo un pito. Porque no son fuerzas contrarias que determinarán nuestro destino en la batalla del final del tiempo. Son emanaciones, una de la otra, que constituyen una forma cabal de entender el mundo. No es el blanco contra el negro: son los matices que nos dan el espacio para actuar con la conciencia de que somos parte de un organismo complejo. En el Ying y el Yang, el uno contiene al otro y viceversa, y se orbitan y se atraen, se necesitan.

Pero volvamos al ejemplo:

Alex DeLarge es víctima y victimario, no se puede negar que lo que ha hecho constituye un crimen. Sin embargo, Alex sólo responde a una pulsión natural que es el Eros, atraído, como la física y el magnetismo pueden explicarnos, al Thanatos. Su conducta no es otra más que la natural, pero desvinculada, es decir, le hace falta la conciencia del Otro. Por otro lado, representa la imagen más pura del individuo libre y castigado por un descuido que no le pertenece a él sino al ambiente, que es responsabilidad de todos.

Saneando la conciencia, curando el alma, atendiendo el deterioro del sentido virtuoso de la vida, estructurando éticamente la moral, educándonos: seremos libres, como Alex, cogiéndose a esa chica, celebrado por la humanidad.

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Un pensamiento en “Alex DeLarge y El gran error del Descuido

  1. Dime si esta confusión no es un problema que nos viene de escuelita. Quince años duro y dale con sus ética y valores, eso cuando corríamos la suerte de que no la confundieran con sus cristologías, una lástima.
    Pero bueno, de acuerdo con lo del capítulo 21.

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