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Error de Culto

Un accidente está en el origen de toda tentativa de evolución  – Gaston Bachelard, La Intuición del Instante

 

Cecilia Giménez, quien saltó a la fama hace poco tiempo debido a su polémica intervención sobre el original de Elías García Martínez, Ecce Homo, ha sido homenajeada por colectivos artísticos que opinan que su error no fue tal, sino el alumbramiento de un ícono pop.  A continuación la imagen y un comentario: ¿en qué punto se dio cuenta de que algo no cuadraba bien? Y, ¿por qué no se detuvo?

La obra original y su restauración

No pretendo encontrar respuesta a estas preguntas, sólo fueron las primeras palabras que brotaron de mi mente cuando vi en el periódico la imagen, acto seguido, encendí la computadora y busqué lo que mi alma tanto ansiaba: una segunda opinión.

No encontré una, sino muchas.

Ante mí desfilaban, imagen tras imagen, un bestiario muy curioso. La gran capacidad de alcance de la red golpeó con todo su potencial a la pequeña población de Borja, Zaragoza. La imagen del aparentemente garrafal error produjo no sólo un afluente de atención mediática a la población española y los protagonistas de la anécdota sino que estimuló sinceramente la curiosidad, la creatividad y el sentido del humor de la comunidad web.

Algunas imágenes del evento de Wallpeople

Wallpeople, colectivo de intervención artístico en espacios urbanos, invitó al público a compartir sus reproducciones del nuevo Ecce Homo de Borja, y he aquí la maravilla: la intervención de Giménez es ahora la obra misma.

¿Quién dice qué es arte y qué no? La historia y la audiencia. Marcel Duchamp, para muchos el padre del arte conceptual con su pieza Fountain, decía que “no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”. El nuevo Ecce Homo de Borja se ha legitimado por esta vía en ícono pop de nuestros días. Para muestra, la cantidad creciente de votos en la fundación change.org pidiendo que la restauración permanezca intacta pese a los deseos del párroco y de la comunidad de Borja de restaurarla a su estado original y la aún más impresionante variedad de reinterpretaciones de la obra a la manera de grandes de la pintura: Da Vinci, Klimt, Warhol; que si bien pueden ser una mofa, no hay que dejar pasar de largo el hecho, incuestionable, de la explosión creativa que resulta de reinterpretar el hecho.

Mona Lisa, Da Vinci

El beso, Klimt

Marilyn Monroe, Warhol

Figuras como el cineasta Alex de la Iglesia ha comentado en sus redes sociales que la obra de Giménez, así como el revuelo que causó, son un reflejo exacto de nuestra manera de ver el mundo en estos días.

La Creación del Hombre, Miguel Ángel

Yo no sé si es arte, pero cómo me dio risa, y creo sinceramente que el humor es un importante indicador de la bondad de las cosas. Y suceda lo que suceda con el cuadro, el fenómeno a su alrededor no puede ser visto como un simple chiste multitudinario: hay algo en él de cómo creamos hoy nuestros símbolos y avanza una cultura que cada día se acerca más a ser global.

Bob Ross pintando el Ecce Homo

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Gurú Cortázar y los siete Chakras

Julio Cortázar, escritor argentino nacido en 1914, se caracteriza por una profundidad psicológica pocas veces igualada en la construcción de sus personajes, sumamente autónomos en la diégesis que, dicho sea de paso, Cortázar reinventa en formas destacables: Rayuela, 62/modelo para armar, son sólo un par de ejemplos.

La gran profundidad de los relatos se da tanto en términos de complejidad narrativa como en belleza, atractivo, bagaje cultural y una palpable dimensión espiritual.

Cortázar trasciende el plano puramente intelectual y técnico en un virtuosismo afectivo-emocional que le otorga a lo relatado un carácter profundamente real e identificable. Cortázar no escribe cuentos o novelas, escribe mitos que se reinventan en una suerte de ritual que es tomar el libro y dejar que las historias nos sucedan y vinculen las afectividades tan vívidas de los personajes con las nuestras. Cortázar es un gurú y esa es su manera: lo real es lo afectivo, y de ahí la fuerza de sus letras.

Un gurú funge como maestro espiritual, eso mismo sucede con la lectura cortazariana a un nivel muy íntimo. Uno va encontrando el hilo conductor fundamental en los relatos, una fuerza dual que permite que la tensión promueva el movimiento de la diégesis, guiados por la viveza y la belleza de la narrativa, tan vívida que primero toca el alma antes que la razón, es aquí donde puede identificarse la gran humanidad de los personajes, su profundidad, su volumen, aquí se repite el mantra: lo real es lo afectivo. Esta fuerza dual cobra sentido en el enfrentamiento de lo que podríamos llamar núcleos básicos de las emociones, y podrían corresponderse a la estructura  elemental de los siete chakras del hinduismo. Esto, claro, lo propongo a manera de juego mental.

Los chakras son centros de energía localizados en determinadas partes del cuerpo humano, son siete, y cada uno corresponde a un nivel de emociones y de energía creciente, tanto en intensidad como en función y complejidad.

El juego que propongo consiste en hallar indicios que permitan emparejar relatos de Cortázar: cuentos o novelas, o fragmentos de novelas, con las características más básicas (y en esta especie de juego, muy simplificadas) de cada Chakra.

Comencemos:

El Chakra de la tierra: nos conecta con el sentido práctico del mundo, representa el instinto de supervivencia y su contraparte es el miedo.

En Casa Tomada, Cortázar narra la historia de una pareja de hermanos que viven en la casa familiar heredada de pasadas generaciones. La casa es gigante y,  de pronto, comienzan a sospechar que hay intrusos en ella ¿Verdad, mentira? El miedo es palpable y eso basta para comenzar la huida.

El Chakra del agua: representa la creatividad en un sentido amplio, es decir, desde la creación artística hasta la creación de la vida misma. Su fundamento es el placer y su contraparte la culpa.

En Después del Almuerzo, experimentamos un malestar terrible en empatía con el joven protagonista que es obligado por sus padres a pasear a un ser presumiblemente discapacitado por el centro de Buenos Aires. El joven sufre la compañía de este ser, quizás un pariente, del cual no sabemos más que los detalles que molestan al protagonista. El joven lo abandona a su suerte para volver luego aquejado por la culpa.

El Chakra del fuego: en el residen la voluntad y la fuerza, es herramienta central en la administración inteligente de las emociones y el poder personal, su contraparte es la vergüenza, la ira, el odio y el control.

Los capítulos finales de Del lado de allá en Rayuela, nos cuentan la debacle progresiva de Horacio Oliveira desde su rompimiento con la Maga hasta los problemas que surgen en su círculo de conocidos, El Club de la Serpiente. Vemos cómo las acciones de Oliveira se vuelven en su contra hasta dejarlo en una penosa situación. En los capítulos que rondan la mitad de esta primera sección de Rayuela, Oliveira siente un dolor en la boca del estómago, el lugar en el que reside el Chakra del fuego.

El Chakra del aire: se relaciona con la compasión, la sanación y el amor, su contraparte es el dolor. En desequilibrio reprime la expresión natural de la afectividad.

La señorita Cora, narra la estancia de un joven en el hospital mientras espera ser atendido, se siente atraído por la enfermera que lo cuida, Cora, quien al principio es indiferente pero va encariñándose con el protagonista conforme pasa el tiempo.

El Chakra del sonido: está ligado a la comunicación y al crecimiento, considerando a este último como una forma de expresión. Se ubica en la zona de la garganta y se relaciona con la respiración, también incluye a la nariz y los oídos. Es el Chakra de la verdad y su contraparte es la mentira.

En La Salud de los Enfermos, Cortázar narra la historia de una familia cuya madre enferma no debe enterarse de la muerte de su hijo quien trabajaba lejos de casa, la familia comienza a ocultar la correspondencia de la compañía que anunciaba la muerte del familiar y crean una complejísima trama de mentiras para evitar que la noticia afecte la salud de la anciana, mentiras que irán creyéndolas verdad.

El Chakra de la luz: se relaciona con el tiempo, la percepción espiritual y el discernimiento, su contraparte es la ilusión.

Una Flor Amarilla, cuenta la historia de un sujeto que en un viaje en autobús encuentra a un joven del cual se convence que es una reinterpretación de si mismo, una vida paralela, una extensión de su propia existencia: parece una broma, pero somos inmortales.

Y para concluir, el Chakra del espacio: es el Chakra del sentido que filtra la energía cósmica hacia el resto del cuerpo, junto al Chakra de la luz, permite un acceso pleno a la conciencia. Su contraparte son las ataduras terrenales.

En Anillo de Moebius, una violenta muerte es sublimada en otro plano de existencia: el estado cubo, en dimensiones superiores de la conciencia, el espacio y el tiempo, para dar unidad al relato en la completitud de una acción iniciada en el pasado y completada en un futuro, o acaso un estadio sin tiempo, poético y profundamente espiritual.


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La vergüenza salvará a la humanidad

Solaris

Dirigida por Andrei Tarkovsky

1972

Basada en el libro homónimo de Stanislaw Lem

 

Este pasado 5 de septiembre se cumplieron 35 años del lanzamiento de la sonda espacial Voyager 1,  que, junto a su gemela, han proporcionado un gran impulso al conocimiento de nuestro sistema solar. Estas sondas se han convertido en las más longevas, y gracias a su combustible de isótopos, continuarán funcionando hasta alrededor de 2025. De no suceder nada grave, seguirán enviándonos señales e información de lo que vean en el espacio.

La gran noticia es que estas naves están a punto de cruzar la frontera de la influencia magnética de nuestro Sol y adentrarse de lleno en el espacio interestelar, nunca antes una nave humana había llegado tan lejos. Otra hecho destacable es que ambas naves portan discos de oro que llevan codificada una gran cantidad de información: la quinta sinfonía de Beethoven, varias obras de J.S. Bach, canciones de Louis Armstrong, música folklórica, tradicional y popular de gran parte del mundo, incluido México. Además de sonidos naturales como volcanes, tormentas y el océano; y una gran lista de saludos en multitud de idiomas. También llevan material gráfico, imágenes de paisajes, retratos, fauna, botánica, sólo por mencionar algunas. Llevan inscrito en la carátula y en código binario la manera en que debe decodificarse el disco, entre otros datos y, lo más destacable quizás: un diagrama de la posición de la Tierra respecto de catorce púlsares (una especie de estrella oscilante). Y bueno, ¿para qué?

Carl Sagan, astrónomo y divulgador científico, presidió el comité que codificó los discos. Por supuesto, Carl Sagan creía firmemente en la posibilidad de la vida inteligente fuera de la Tierra pero también estaba consciente de la gran imposibilidad que era encontrarnos realmente con ella. El disco, de esta manera, es realmente un mensaje en una botella, flotando a la deriva, rescatando un poco de nuestra producción cultural y artística, así como vistas de nuestro bello planeta. La finalidad era preservar para la posteridad un vestigio de quiénes fuimos y de dónde estuvimos, porque siendo humildes, toda especie tiene su tiempo.

Pero, ¿realmente habrá vida allá afuera? La probabilística casi lo afirma. Actualmente ningún científico que se respete diría que sí rotundamente, pero tampoco lo negaría tajantemente. La ecuación de Drake calcula, con muchos factores, las posibles civilizaciones que, con nuestros estándares, podríamos calificar de avanzadas. El número es modesto, pero ¡vaya!, la idea es asombrosa.

Solaris narra la historia de tres astronautas instalados en un planeta-océano bautizado con el nombre de Solaris. Poco a poco, comienzan a recibir extrañas visitas. Sus mentes materializan sus recuerdos y hacen vívidas las emociones que otrora sintieron por algunas personas, las cuales incluso, vuelven a la vida. Es Solaris, el mar-planeta, un ser pensante, el culpable de los visitantes.

Solaris plantea una cuestión sumamente inquietante: de hacer contacto, ¿qué puede asegurarnos que lo hemos hecho o que lo entenderemos? Puede que la inteligencia venga en figuras varias. Incluso en nuestro planeta, tenemos el egocentrismo de hacer menos a otras especies por que, aparentemente, no presentan este rasgo.

Pero vamos más al fondo, Solaris nos habla de un grave problema: la incomunicación. Estando tan cerca, el contacto es imposible por una ineptitud tan de nosotros de no escuchar al otro, a lo otro. Esta soledad autoimpuesta nos corrompe, ¿no se ha dicho que el hombre es un ser social? El desarrollo de la historia nos sentencia de esta forma: La vergüenza salvará a la humanidad.

Solaris es una impresionante película porque no habla sólo de un viaje espacial. Habla de un viaje personal, espiritual, de encontrarnos primero respecto a otro, respecto al Otro, y entendernos como especie y como parte constitutiva de un gran Todo. Sólo así, en una real comunidad, podremos solventar los problemas y cuestionamientos más fundamentales. Carl Sagan, de nuevo, opinaba que somos nosotros el intento del Cosmos de entenderse a sí mismo. Démonos una oportunidad de descubrir las raíces profundas del Origen, sobreviviendo a nosotros mismos. Escuchémonos, es gratis. No dejemos que si un día una civilización extraterrestre encuentra a las Voyager y viene a visitarnos, encuentre sólo un gran desierto muerto y el eco de El clave bien temperado.   

 

 

 


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The Fountain, otras formas del tiempo

The Fountain

Dirigida por Darren Aronofsky

2006

Tommy Creo es un médico experimental que busca la cura para la enfermedad terminal que amenaza con separarlo de su esposa. La historia va y viene entre distintos espacios temporales, entre las varias historias del personaje interpretado por Hugh Jackman.   Estas historias paralelas se corresponden con el pasado, el presente y el futuro, entrelazadas por la constante presencia de la búsqueda y la pérdida.

La narrativa destaca un eterno retorno motivado por una muy particular ambición: la vida eterna. “Dead is a disease, as like any other, and there’s a cure, a cure, and I will find it” sentencia Tommy Creo. Pero así como en el presente, también en el pasado y el futuro se ambiciona. Las circunstancias dan ilusión de mejora pero la fragilidad del espíritu y la carne se hace patente, la muerte termina quitándole el velo al mundo para verlo realmente como es. No obstante, se comprende, ante el final, ante la muerte, otra vez ante la pérdida, se encuentra lo que se ha buscado tan desesperadamente. Sin límites del tiempo, el instante lúcido del consuelo y lo sublime transmutan el dolor y el duelo en paz y en goce eterno. El Ciclo: vida y muerte son lo mismo.

Cinematográficamente, The Fountain es una obra muy acabada: el ritmo en crescendo hace cada vez más sensible la tensión del relato; la música de Clint Mansell interpretada por Kronos Quartet y Mogwai es maravillosa; la fotografía de Matthew Libatique es muy bella, con una constante colorimetría en los dorados, el color de la nebulosa que Izzi, esposa de Tommy, estudia y es muy importante para el desarrollo de la historia. La actuación de Hugh Jackman es excelente; la realización técnica fue muy dedicada: las tomas del viaje espacial asombran, la nebulosa, pese a lo que pueda creerse de primera impresión no es una animación digital, son microfotografías de reacciones químicas, lo que guarda una íntima relación con otro suceso importante de la historia; los símbolos construidos a  lo largo de la película dan cuenta del gran trabajo intelectual que fue la elaboración de la historia: los traslados del personaje principal, ya sea en su faceta de conquistador español, de médico experimental o de astronauta, siempre son de las tinieblas a la luz, el indicio está ahí, presente siempre, pero cobra sentido en el final y dan la idea muy clara de completitud; las sutilezas del lenguaje cinematográfico son exquisitas, es en ellas donde podemos ver los entrelazamientos de los tres tiempos y es con lo que continúo este artículo: con otras formas del tiempo.

Según la teoría de cuerdas, las dimensiones o grados de libertad, son las distintas rutas que se podrían tomar para trasladarse a través del espaciotiempo. Las primeras cuatro dimensiones son cotidianas para nosotros: arriba-abajo, izquierda-derecha, adelante-atrás y el tiempo. El tiempo ha sido estudiado detalladamente pero la verdad es que no sabemos mucho sobre él. Sabemos que aparentemente sólo transcurre en un sentido (denominado flecha del tiempo) y que es irreversible. No son grandes hallazgos. Pero nuestra ineptitud al comprender el tiempo puede deberse a que éste es una dimensión superior y, por lo tanto, nuestro acceso a ella es sólo parcial. Si fuéramos planos (bidimensionales) y nos moviéramos en un espacio de tres dimensiones, este parecería plano, porque no notaríamos su curvatura, es decir, la profundidad, la tercera dimensión. Así sucede con el tiempo, siendo tridimensionales, podríamos no notar la profundidad del tiempo y nos parece plano, en este caso, unidireccional. The Fountain propone una imagen mucho más rica del tiempo. Aquí el tiempo se curva en una espiral, donde cada revolución corresponde a un tiempo: el pasado de Tomás, el conquistador, el presente de Tommy, el médico y el futuro de Tom, el astronauta. Aunque distintos, los tres tiempos parten de un origen y están íntimamente relacionados. Superpuestos como están, los tiempos pueden ser accesibles en determinados momentos clave de la historia, es la conciencia lo que permite el vínculo. Por supuesto que se puede recordar el pasado, pero de esta forma, también puede recordarse el futuro.

The Fountain no sólo propone una visión escatológica y cíclica de la vida desde una postura filosófica (vida y muerte en la cosmogonía maya, es un tema central de la película), sino que su estructura narrativa se corresponde con una visión distinta del tiempo, lo que le otorga una profundidad muy destacable en el plano cinematográfico-narrativo y semiótico.